Redacción El País
Los juegos de mesa resurgen como una alternativa de ocio saludable, capaz de fortalecer el bienestar emocional y las relaciones sociales. Aunque los videojuegos y las pantallas resultan más llamativos, sentarse alrededor de un tablero propone una experiencia compartida y una conexión humana difícil de reemplazar por lo virtual.
Abrir una caja, desplegar las piezas y compartir reglas recuerda a prácticas ancestrales de encuentro, como reunirse a contar historias. Este tipo de ocio analógico permite recuperar el tiempo en familia y con amigos en una época marcada por agendas saturadas y el uso constante de dispositivos móviles.
Los juegos de mesa como herramienta de desarrollo integral
Más allá del entretenimiento, los juegos de mesa tienen un impacto positivo en distintas áreas del desarrollo personal, con beneficios que se agrupan en tres dimensiones clave:
- Área cognitiva: estimulan la memoria, la planificación, la toma de decisiones, la atención y la coordinación, fortaleciendo habilidades mentales esenciales.
- Área social: favorecen la interacción social, el intercambio de puntos de vista, la creación de vínculos y la reflexión sobre roles y estereotipos.
- Área emocional: promueven la empatía, la gestión de emociones y la tolerancia a la frustración, al permitir experimentar tanto la alegría del logro como el aprendizaje ante el error.
Este tipo de estimulación cognitiva resulta valiosa en todas las etapas de la vida. En el caso de los adultos mayores, el hábito de jugar se asocia con la posibilidad de retrasar el deterioro cognitivo y mantener la mente activa.
El tablero como espacio seguro para expresarse
El juego de mesa crea un entorno protegido, conocido en psicología como “círculo mágico”, donde las personas pueden explorar conductas y emociones que no siempre muestran en la vida diaria. Frente al tablero, alguien poco confrontativo puede mostrarse competitivo, estratégico o más seguro de sí mismo, utilizando el juego como un espacio de aprendizaje y superación.
Las discusiones ocasionales que surgen durante las partidas no nacen del juego en sí, sino que suelen reflejar dificultades previas en la gestión del conflicto o la frustración. En ese sentido, el juego funciona como un espejo que hace visibles esas dinámicas dentro de un marco de reglas claras.
Una experiencia sensorial que va más allá de las pantallas
A diferencia del ocio digital, los juegos de mesa ofrecen una experiencia sensorial: el contacto con las piezas, el diseño de los tableros y la posibilidad de mirarse a los ojos mientras se comparte el tiempo fortalecen el vínculo entre los jugadores.
Lejos de ser un pasatiempo de nicho, este tipo de ocio en grupo se ha vuelto cada vez más popular. La variedad actual permite elegir entre juegos de estrategia, juegos de misterio, dinámicas cooperativas o propuestas pensadas simplemente para reír y socializar, adaptándose a las edades, intereses y habilidades de cada encuentro.
En base a El Tiempo - GDA
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