De las ocho horas al mundo: Estefanía Borges cambió sueldo y buen pasar por la libertad de una mochila

La filosofía de vida de una fotógrafa que se hizo mochilera y que transformó los viajes en su realidad cotidiana

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Estefanía Borges.
Foto: Estefanía Borges.

¿Cuántas veces hemos escuchado algo así como “Dejaría todo y saldría a viajar por el mundo?”. Incluso, puede que lo nosotros mismos lo hayamos dicho más de una vez. Pero por algo existe ese cliché que reza “Del dicho al hecho...” Sin embargo, una vez cada tanto se dan esos raros casos en los que esa expresión de deseo se concreta. Y el de Estefanía Borges es uno de ellos. Borges, fotógrafa de profesión, lleva una década de mochilera. ¿

Cómo empezó todo? Con una crisis existencial. Borges tenía 34 años, y trabajaba en temas de marketing en República AFAP. Según cuenta, era un trabajo “sumamente estructurado: teléfono, computadora, cubículo, reuniones, tres jefes...”. Mal no le iba: “Tenía un buen sueldo, sobre todo para una comunicadora, que no suele (o solía) ser un gremio bien pago. Me daba para pagar el alquiler, mis cuentas, unas vacaciones y algunos gustos ¡Hasta ahorraba!”.

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Desierto de Atacama, Chile.
Foto: Estefanía Borges.

Joven, con un buen pasar y un porvenir que lucía bastante, promisorio. Sin embargo, cuando miraba hacia adentro, y hacia su entorno, no sentía mucho optimismo. “Tal vez era una crisis de los 30, como dicen que hay. Me había separado hace de una pareja de mucho tiempo. Estaba bien en el trabajo, pero tampoco tenía desafíos muy interesantes. Sentía que tenía una existencia como demasiado insignificante y que si seguía así, la vida se iba a pasar en eso, en trabajar ocho horas para otro”. Borges se veía en una situación similar a la del personaje de la canción “Horarios esclavos”, del cantante y compositor Andrés Calamaro, quien quiere vivir por fuera de algunas de las convenciones sociales más arraigadas.

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Lagoa da conceição, Florianópolis (Brasil).
Foto: Estefanía Borges.

Finalmente, tomó la decisión: dejaría esa vida y saldría a viajar. Ya había estado en otros países, pero para ella existe una diferencia entre hacer turismo y viajar. Lo segundo implica involucrarse más en los lugares a los cuales uno llega, desde todo punto de vista. Vendió la mayor parte de sus pertenencias y con la mochila a cuestas se fue a la Patagonia.

—¿Cómo reaccionó tu entorno cuando le comunicaste lo que sería tu nueva vida? -Mi hermano, cuñada y amigos lo tomaron muy bien. Sin embargo, para mis padres fue un poco más difícil, pero lo terminaron aceptando y con el tiempo hasta respetando mi forma de vida.

—¿Cómo fue tu primer viaje?
—Para mí todo esto, hasta el día de hoy, sigue siendo el “primer viaje”. No terminé, lo sigo haciendo. Tengo pausas, tengo paréntesis, pero todo forma parte de ese momento en que me convertí en viajera. Pero lo que sentí en ese momento es que había un montón de interrogantes. Pero esos interrogantes no me detuvieron, al contrario, me entusiasmaban más. Era como un desafío lindo y la Patagonia tiene paisajes que son sumamente impactantes. Para mí -que soy de Uruguay y del mar- conectarme con la montaña también fue impactante, como lo fue conocer una parte de la historia latinoamericana, porque me di cuenta de que la historia de todos los países latinoamericanos se parece mucho. Siempre hubo persecución de indígenas, por ejemplo.

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Cusco, Perú.
Foto: Estefanía Borges.

Desde que partió de Montevideo hace diez años, Borges ha recorrido siete países del continente americano: “Así, de esta vida, he viajado a Argentina, Chile, Bolivia, Perú, México, Estados Unidos y Brasil”. Lo de “esta vida” viene al caso porque para Borges esta es su realidad ahora. “No estoy de vacaciones. Ahora, esta es mi vida”.

No siempre está moviéndose por otros países. Vuelve regularmente a Uruguay, pero apenas comienzan los fríos, agarra su mochila y vuelve a su vida. Al principio, se mantenía gracias a sus ahorros. Ahora, vende sus fotografías allí a donde llega y con eso se sustenta. No es algo que le dé grandes ingresos, pero como ella mismo dice, “nunca fui consumista” y no se mueve en función de cálculos financieros. “A veces, me dicen ‘¿Por qué vas a ir a tal o cual lugar? Ahí no hay nada’. Y sí lo hay. Por ahí hay alguien a quien conocer, o una comida local nueva a probar”.

Además, sostiene que tal vez no cuente con mucho dinero, pero eso no le impide darse algunos lujos.

—¿Cómo cuáles?

—Estar en la playa un martes en la mañana. Ver un glaciar en absoluto silencio.

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El Chaltén, Patagonia (Argentina).
Foto: Estefanía Borges.

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