Melanie Shulman, La Nación/GDA.
La frustración molesta, incomoda, genera ira. Sin embargo, en un mundo exigente donde rige la competencia y el “qué dirán”, mostrar vulnerabilidad es una tarea difícil de afrontar y son pocos los valientes que se animan a aceptar y reconocer que no se encuentran bien o que las cosas no salen como les gustaría. Además, la frustración trae una serie de beneficios para las personas, en especial para los niños.
Al respecto, la psicóloga española y elegida dentro del ránking de las Top 100 Mujeres Líderes de España en 2012, 2017 y 2020, María Jesús Álava, derriba los mitos que asocian a la frustración con una emoción negativa y realza las virtudes que promueve. Tal como dice la especialista: esta emoción “nos hace más humanos y más inteligentes”.
Frustrarse para crecer como personas.
La experta insta a las personas a utilizar la frustración como una aliada y a sacarle provecho porque, aunque pueda sorprender a más de uno, su función es fomentar el aprendizaje y el crecimiento individual: “Para generar recursos, el arma principal es la frustración”, asegura Álava.
Por esta razón, la especialista hace énfasis en la importancia de aprender a lidiar con esta emoción desde chicos y sobre todo, a quitarle la impronta negativa con la que se la suele relacionar: “La frustración es necesaria siempre y cuando esté planteada desde el lado opuesto, es decir, desde una visión positiva”, reflexiona Álava. De esta manera, cuenta la psicóloga, las personas podrán capitalizar lo ocurrido y generar herramientas de por vida que los ayudará en su desempeño futuro y les permitirá atravesar los obstáculos cotidianos con éxito.
De acuerdo a la especialista, amigarse con la frustración es un proceso que no se da de un día para el otro, más bien, se trata de una construcción que lleva tiempo. Muchos se preguntarán cuál es el camino correcto para lograrlo y la respuesta, dice la psicóloga, tiene que ver con un trabajo que al principio deben realizar los padres para ayudar a sus hijos a mirar este momento con otros ojos.
Pero, ¿de qué manera? “A través del humor” revela Álava. "La clave es sacarle dramatismo a la situación que haya causado la frustración. Por este medio, los niños sanan y consiguen salir de aquella sensación de fracaso con una lección positiva aprendida”, expresa la psicóloga.
“Como adultos tenemos la responsabilidad de enseñarle a nuestros hijos a conocerse en profundidad, a quererse, a percibir a las otras personas y a razonar”, dice Álava. En el otro extremo, cuando se sobreprotege a un niño, “le quitás las posibilidades de que experimente, de que se frustre”, menciona. La realidad es que “un chico tiene que frustrarse para poder aprender y adquirir herramientas”, agrega la psicóloga. Así, a medida que crece, tendrá la confianza y las habilidades necesarias para no dejarse vencer por las cosas que no salen bien y la capacidad de sortear los obstáculos diarios con convicción.
Para que los niños, adolescentes y adultos sean auténticos, es necesario saber gestionar las emociones, especialmente las que no son agradables. Precisamente, transitar la frustración con una mirada positiva, fortalecerá a las personas en el camino de la vida.