Dos personas pueden atravesar la misma situación difícil y reaccionar de maneras completamente distintas. Mientras una consigue reorganizar su vida y seguir adelante, la otra puede quedar atrapada durante mucho tiempo en el sufrimiento. Según la life coach Gisela Gilges, la diferencia no radica en sentir más o menos dolor, sino en los recursos con los que cada persona cuenta para afrontar la adversidad.
"La resiliencia no consiste en que las cosas no duelan", explica la especialista. Más bien, implica desarrollar herramientas que permitan atravesar una crisis sin quedar detenido en ese momento de la vida.
Para ilustrar esta idea, Gilges propone una comparación: imagina a dos personas descendiendo una montaña nevada. Ambas enfrentan el mismo recorrido, pero una lleva esquíes, casco, ropa adecuada y un instructor, mientras que la otra baja sin preparación y apenas con unas tablas improvisadas.
La dificultad es la misma, sostiene, pero las posibilidades de superarla cambian según los recursos disponibles.
Desde esa perspectiva, la resiliencia no depende únicamente del carácter o de la voluntad, sino de un conjunto de apoyos internos y externos que ayudan a enfrentar los momentos más complejos.
La especialista identifica cinco pilares que pueden fortalecer la capacidad de recuperación.
- Apoyo social. No se trata de tener una gran cantidad de amigos, sino de contar con al menos una persona de confianza a quien recurrir cuando aparecen las dificultades.
- Gestión emocional. Reconocer las propias emociones sin dejar que ellas tomen el control es otro aspecto fundamental. Según Gilges, muchas personas no sufren únicamente por lo que sienten, sino porque no encuentran la manera de gestionar esas emociones.
- Claridad para pensar. En medio de una crisis, la capacidad para analizar la situación y tomar decisiones con calma también constituye un recurso importante. La especialista advierte que los momentos de mayor angustia no suelen ser los mejores para decidir cuestiones trascendentes.
- Autonomía económica. El cuarto recurso no está relacionado con la cantidad de dinero, sino con la posibilidad de sostener cierta independencia. Disponer de ingresos propios o de autonomía financiera puede reducir la vulnerabilidad frente a determinadas situaciones.
- Tener un proyecto o un propósito. Por último, Gilges destaca la importancia de contar con una meta, una ilusión o un motivo para seguir avanzando. Tener una dirección hacia la cual mirar puede convertirse en un sostén durante los momentos más difíciles.
La especialista sostiene que la resiliencia no es una cualidad con la que algunas personas nacen y otras no. Por el contrario, considera que se fortalece a medida que se desarrollan estos recursos y se construyen redes de apoyo, herramientas emocionales, autonomía y proyectos personales.
Desde esta mirada, el impacto de una crisis no depende únicamente de lo que ocurre, sino también de las herramientas disponibles para afrontarla. Fortalecer esos recursos puede marcar una diferencia significativa cuando la vida presenta desafíos inesperados.
Con base en La Nación/GDA