Dedicar una pequeña parte del día a la creación artística puede tener una influencia positiva en los biomarcadores del estrés. Esto se debe a que estas prácticas ayudan al organismo a relajarse, y una forma de medir qué tan relajados (o no) nos sentimos es mediante el análisis de muestras de cortisol.
El cortisol —hormona producida por las glándulas suprarrenales y conocida como la "hormona del estrés"— desempeña un papel fundamental en funciones como la reducción de la inflamación y el aumento de la degradación de la glucosa. Se libera como parte de la respuesta del cuerpo al estrés y nos ayuda a mantenernos en estado de alerta, intensificando las funciones necesarias y ralentizando las que no lo son.
El nuevo estudio, publicado en la revista Art Therapy, recolectó muestras de saliva de 39 participantes, con edades entre 18 y 59 años, antes y después de pasar 45 minutos dedicándose a crear arte. De ellos, 18 reportaron poca experiencia previa en creación artística, 13 tenían algo de experiencia y 8 contaban con amplia experiencia. Los participantes pudieron trabajar en el formato que desearan, desde dibujos en papel hasta modelado en arcilla y collages.
Sus experiencias dieron cuenta que las sesiones fueron relajantes, redujeron su ansiedad y les ayudaron a ganar perspectiva. Uno de ellos escribió: "Pude dejar de obsesionarme tanto con cosas que no había hecho o que necesitaba hacer".
Los análisis de saliva también mostraron que los niveles de cortisol disminuyeron durante la sesión de 45 minutos en el 75% de los participantes. Este resultado no tuvo correlación con la habilidad artística, lo que demuestra que no es necesario ser bueno en el arte para obtener beneficios.
"Esta es la idea central de la arteterapia: todos son creativos y pueden expresarse a través de las artes visuales cuando trabajan en un ambiente acogedor. Dicho esto, yo esperaba que quizás los efectos fueran más fuertes en aquellos con experiencia previa", afirmó Girija Kaimal, profesora asistente de terapias creativas artísticas y autora del estudio.
O Globo - GDA