Redacción El País
Con la mirada puesta en 2026 y en la necesidad de dejar atrás el sedentarismo, muchas personas mayores buscan incorporar hábitos simples y sostenibles. Salir a caminar aparece como la primera opción: es accesible, económica y permite mantenerse en movimiento sin demasiada logística. Además, cuando se practica con cierta técnica —y no como un simple paseo— puede generar impactos notorios en la salud.
Una caminata bien hecha rinde mucho más
Incluir caminatas rápidas en la rutina diaria ayuda a mejorar la postura, la movilidad y la resistencia. Para que realmente sumen, los especialistas insisten en que la posición del cuerpo sea correcta: cabeza alta, mirada al frente, hombros relajados y brazos acompañando el ritmo. Con ese enfoque, la caminata contribuye a aumentar la fuerza de las piernas, mejorar la flexibilidad, quemar calorías y reducir la fatiga.
También resulta útil para prevenir la diabetes, aliviar molestias propias de la artrosis, reforzar los huesos —algo clave para evitar la osteoporosis— y mejorar cuestiones tan cotidianas como el estrés, el tránsito intestinal y la calidad del sueño.
A partir de los 60, el ejercicio más importante es otro
Si bien caminar es una base sólida, los especialistas de instituciones como Harvard vienen insistiendo en que, después de los 60, el foco debería correrse hacia el entrenamiento de fuerza. Con el paso del tiempo, la masa muscular disminuye, los huesos se vuelven más frágiles y, en el caso de las mujeres, la menopausia acelera algunas de estas transformaciones.
Un estudio de la Universidad de Copenhague, publicado en American Journal of Physiology, aportó evidencia clave sobre este punto. La investigación mostró que trabajar con pesas fortalece la conexión entre los nervios y los músculos, una comunicación que suele deteriorarse con la edad. Según explicó el investigador Casper Søndenbroe, su equipo fue “el primero en detectar señales claras” de que el entrenamiento de fuerza favorece estas conexiones, lo que ayuda a proteger a las neuronas motoras ubicadas en la médula espinal.
Un músculo más fuerte, una vejez más autónoma
Este fortalecimiento neural y muscular es vital para mantener la independencia en la vida cotidiana: mejora la estabilidad, reduce el riesgo de caídas y hace más llevaderas tareas habituales como levantarse, cargar peso o subir escaleras. Por eso, cada vez más especialistas remarcan que combinar caminatas con rutinas de fuerza adaptadas a cada edad y condición física es la receta más efectiva para envejecer con mayor autonomía, menos dolor y mejor calidad de vida.
En base a El Tiempo/GDA
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