De las cerezas al pescado azul: los alimentos que ayudan a conciliar el sueño profundo pasados los 50 años

La alimentación puede influir en la calidad del descanso. Qué alimentos aportan magnesio, omega-3 y otros nutrientes relacionados con el sueño y cuáles conviene limitar durante la noche.

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Foto: Unsplash.

A partir de los 50 años, la relación entre alimentación y calidad del sueño adquiere especial importancia. Dormir bien es fundamental para cuidar la salud cardiovascular, metabólica y cognitiva, mientras que un descanso fragmentado puede estar relacionado con problemas digestivos, inflamación y hábitos alimentarios inadecuados durante las horas previas a acostarse.

Por eso, realizar algunos ajustes en la alimentación nocturna puede ayudar a evitar molestias como la acidez, el reflujo y la sensación de pesadez que pueden interferir con el descanso.

Qué alimentos conviene evitar antes de dormir

Uno de los primeros aspectos que conviene revisar es el consumo de alimentos que pueden favorecer la acidez estomacal y el reflujo ácido, especialmente las preparaciones muy picantes o con un alto contenido de grasas saturadas.

Comer este tipo de alimentos cerca de la hora de acostarse puede dificultar la digestión y favorecer molestias durante la noche. Para reducir el riesgo de indigestión y reflujo, una recomendación habitual es terminar de comer entre dos y tres horas antes de ir a la cama.

La cafeína también puede interferir con el descanso. Debido a su efecto estimulante, consumir café y otras bebidas o alimentos con cafeína durante las horas cercanas al sueño puede dificultar la relajación y la conciliación del sueño.

Otro aspecto importante es reducir el consumo excesivo de harinas refinadas, pan blanco, pastas procesadas y azúcares añadidos. Una alimentación basada principalmente en productos ultraprocesados y refinados puede favorecer alteraciones metabólicas que tampoco resultan convenientes para un descanso adecuado.

Los alimentos que pueden ayudar a dormir mejor

En contrapartida, algunos alimentos aportan nutrientes relacionados con los mecanismos que intervienen en el sueño y la relajación.

  • Almendras
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Foto: Unsplash.

Las almendras aportan minerales como magnesio y calcio, nutrientes que participan en diferentes funciones del organismo y que pueden contribuir al funcionamiento normal de los músculos y del sistema nervioso.
Por eso, incluir frutos secos dentro de una alimentación equilibrada puede ser una alternativa para quienes buscan mejorar la calidad general de su dieta y favorecer hábitos compatibles con un buen descanso.

  • Cerezas ácidas
Cerezas
Plato con cerezas.
Foto: Freepik.

Las cerezas ácidas contienen distintos compuestos relacionados con el sueño, entre ellos melatonina, triptófano, potasio y serotonina.
Algunas investigaciones han encontrado una asociación entre el consumo de cerezas ácidas y determinados parámetros relacionados con la calidad del sueño, aunque esto no significa que por sí solas puedan solucionar los problemas de insomnio.

  • Pescado azul
Salmón, huevo, alimentos saludables
Tostada con salmón y huevo duro, buena fuente de vitamina D.
Foto: Freepik.

El pescado azul, como el salmón, aporta ácidos grasos omega-3 y vitamina D, nutrientes que participan en diferentes procesos relacionados con la salud cerebral y metabólica.
Además, algunos estudios han investigado la relación entre el consumo habitual de pescado y la calidad del sueño. Una investigación publicada en 2014 observó que las personas que consumían salmón regularmente presentaban determinados beneficios relacionados con el sueño y el rendimiento cognitivo en comparación con quienes consumían otras fuentes de proteína animal.

La hidratación y los horarios también importan

La alimentación no solo depende de qué se come, sino también de cuándo y cómo se distribuyen las comidas durante el día. Saltarse comidas puede favorecer la aparición de hambre intensa durante la noche y llevar a realizar ingestas tardías, que pueden dificultar la digestión y afectar el descanso.

Mantener horarios relativamente regulares y evitar grandes cantidades de comida antes de acostarse puede ayudar a que el organismo llegue a la noche en mejores condiciones para iniciar el período de descanso. La hidratación también es importante, aunque conviene distribuir el consumo de líquidos a lo largo del día para evitar que beber grandes cantidades justo antes de dormir provoque despertares nocturnos para ir al baño.

Manzanilla y leche tibia: ¿pueden ayudar a relajarse?

La manzanilla se ha utilizado tradicionalmente como una bebida asociada a la relajación. Uno de sus compuestos, la apigenina, ha sido estudiado por su interacción con determinados receptores del sistema nervioso relacionados con la relajación.

La leche tibia, por su parte, contiene nutrientes como triptófano y vitamina D, aunque parte de su efecto sobre el descanso también puede estar relacionado con el componente psicológico de convertirla en un ritual previo al sueño. En ambos casos, se trata de recursos que pueden formar parte de una rutina relajante, pero no deben considerarse tratamientos para el insomnio.

Después de los 50, una alimentación equilibrada puede favorecer el descanso

Incorporar alimentos ricos en nutrientes, mantener horarios regulares y evitar comidas muy abundantes, picantes o grasas cerca de la hora de dormir puede contribuir a una mejor calidad del sueño. También pueden formar parte de una alimentación saludable alimentos como el kiwi, las nueces y las verduras, que aportan vitaminas, minerales, fibra y otros compuestos de interés nutricional.

Sin embargo, ningún alimento por sí solo garantiza un sueño profundo. La calidad del descanso depende de múltiples factores y, después de los 50 años, resulta especialmente importante prestar atención al conjunto de los hábitos: alimentación, actividad física, horarios, consumo de cafeína y alcohol y condiciones del entorno de descanso.
Si las dificultades para dormir son frecuentes, intensas o persistentes, es recomendable consultar con un profesional de la salud para determinar si existe una causa subyacente.

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