Redacción El País
Dormir mal no solo impacta el estado de ánimo o la concentración: también deja huella directa en la piel.
Diversos estudios dermatológicos han demostrado que la falta de sueño altera los procesos naturales de regeneración celular, acelera el envejecimiento cutáneo y favorece la aparición de signos visibles como arrugas, opacidad y deshidratación.
Durante la noche, la piel entra en una fase de reparación profunda. Cuando este ciclo se interrumpe o es insuficiente, el rostro suele manifestarlo casi de inmediato.
Qué pasa con la piel cuando no dormimos bien
Mientras dormimos, el cuerpo reduce los niveles de cortisol —la hormona del estrés— y aumenta la producción de colágeno y elastina, dos componentes esenciales para mantener la piel firme, luminosa y saludable. Dormir menos de lo necesario provoca el efecto contrario:
- Aumenta la inflamación cutánea.
- Se debilita la barrera de la piel.
- Se reduce la capacidad de reparación celular.
- Aparecen ojeras, líneas de expresión y textura irregular.
Además, la piel pierde hidratación con mayor facilidad, lo que contribuye a un aspecto apagado y cansado.
El cortisol: el enemigo silencioso del rostro
Cuando el descanso es insuficiente, el organismo mantiene elevados los niveles de cortisol. Esta hormona no solo acelera el envejecimiento, sino que también degrada el colágeno existente y favorece la aparición de brotes, sensibilidad e irritación.
Por este motivo, una rutina de cuidado facial completa no logra compensar por completo una mala calidad de sueño.
Dormir bien también es skincare
El descanso debería considerarse un paso más dentro del cuidado de la piel. Los dermatólogos coinciden en que dormir entre siete y ocho horas diarias mejora visiblemente:
- La elasticidad cutánea.
- El tono uniforme.
- La luminosidad natural.
- La respuesta de la piel a los productos cosméticos.
Durante la noche, además, la piel absorbe mejor los activos y responde de forma más eficiente a tratamientos hidratantes, calmantes o antiedad.
Cómo proteger la piel si no duermes lo suficiente
Aunque el sueño no puede sustituirse, sí es posible minimizar su impacto con algunos hábitos básicos:
- Mantener una rutina nocturna simple y constante.
- Usar productos que fortalezcan la barrera cutánea.
- Priorizar ingredientes calmantes e hidratantes.
- Evitar el uso excesivo de activos agresivos.
Dormir bien ya no es solo un lujo: es una necesidad para la salud de la piel. Porque antes de buscar el sérum ideal o la crema de moda, el verdadero secreto de un rostro luminoso empieza cada noche, cuando cerramos los ojos.
En base a El Universal/GDA
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