Aventurera

| Desvinculada de Telemundo desde 2003, se dedica a viajes místicos a Perú. Le gustaría volver a la TV.

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Una personalidad aventurera, más una facilidad y un gusto por la comunicación, más la casualidad, que siempre ayuda, hicieron que Silvia Kliche entrara en la televisión. Era funcionaria administrativa de la Universidad de la República y modelo publicitaria. Un día, alguien de una agencia de publicidad la vio en su oficina de la Udelar y la invitó a sumarse como secretaria al programa de preguntas y respuestas Martini Pregunta, que conducía Homero Rodríguez Tabeira.

El siguiente paso, en 1980, fue la incorporación al noticiero de Canal 12, Telemundo. Fue de las primeras mujeres, en Uruguay, en sumarse al staff permanente de un informativo.

Silvia Kliche estuvo 22 años en la conducción y como periodista de Telemundo. Se desvinculó en 2003 y desde entonces, su actividad se centra en otro tipo de comunicación: acompaña a grupos de viaje a Perú, para guiarlos por los itinerarios místicos del país andino.

Le gustaría volver a los medios. "Llevo el periodismo y la comunicación en la sangre", asegura a Sábado Show. "No sé si volvería a hacer lo que ya hice, en un noticiero. Pienso que si se da un reingreso al medio en estos momentos yo tendría que juntar mi experiencia periodística con todo lo que he vivido y aprendido en estos 8 años".

Hace 8 años de su alejamiento de las cámaras. Y desde entonces, "ningún medio, canal, radio o productora me ha llamado para ofercerme un proyecto. Pero estoy abierta".

De lo vivido delante y detrás de cámaras, antes y después de la pantalla, Kliche contó sus peripecias a Sábado Show.

-¿Cómo fueron los primeros años en Telemundo?

-Un mundo nuevo para mí, me formé trabajando. En la década de los 80 no había una carrera universitaria. Nos hacíamos al andar los periodistas de aquella época. Estábamos en la dictadura y fueron tiempos muy difíciles. Buscábamos nuestras distintas estrategias para preguntar y que se nos respondiera. Cuando yo ingresé en el año 80, hacía estudio y también la calle. Fui cronista policial, parlamentario, de casa de gobierno, los viajes presidenciales. Soy aventurera. Es mi personalidad y pienso que el periodismo debe ser así.

-¿Qué experiencias le vienen a la memoria de aquel tiempo?

-Muchas cosas, viéndolo en proyección. Estuve en momentos importantes, la firma del Mercosur, cobertura de la transición a la democracia, con aquellas reuniones en el Club Naval. La guerra de las Malvinas: no se nos permitió llegar, pero se trabajó mucho en Buenos Aires… Las personalidades que pude llegar a conocer: Bush padre, el Papa Juan Pablo II, los Reyes de España. Cuando vinieron, recuerdo que el pueblo estaba pidiendo la democracia y los reyes venían a colaborar. De hecho, fueron recibidos con el pueblo en la calle. Eran un símbolo, pese a ser monarcas y representaban curiosamente la democracia. Gregorio Álvarez era el presidente. Se nos había dicho a los periodistas que no podíamos tener contacto con los reyes. Venían desde el Aeropuerto hasta la Plaza Independencia, donde iban a rendir homenaje a José Artigas. Con el camarógrafo, "El negro" Ribas, logramos meternos entre la guardia cuando paraba el auto y conseguimos la nota con el Rey. El presidente Álvarez vio lo que estábamos haciendo y empezó a los gritos. ¡Sáquenlos, sáquenlos! La costudia nos sacó a palazos… pero Ribas y yo nos abrazamos porque teníamos la nota, la palabra del Rey. Esa fue una de las experiencias más emocionantes. Pero hubo cientos. Otra vez, siendo cronista policial, terminamos entrevistando a un sospechoso de homicidio en Brasil. Llegamos a él de modo casi de película de suspenso. Nos iban informando del paso siguiente. Por ejemplo, llamen al número tal de la cabina de Antel de cual esquina y ahí nos daban otra instrucción: vayan a tal hotel. Y así hasta que terminamos en Bage haciendo la entrevista.

-¿Cómo surgió la otra veta, la de guía, digamos en el Perú místico?

-Una vez que estuve desvinculada del noticiero, en 2003 tenía el tiempo libre que no tuve durante 22 años para profundizar temas que me importan y muchísimo a nivel personal. Tenía tiempo para viajar… y lo primero que hice fue irme a Perú, de mochilera. Allí tuve experiencias muy mágicas, me contacté con los chamanes; les llamo así para que nos entendamos, pero esa no es una terminología andina. Son sacerdotes espirituales, personas que hacen cosas que no hacemos y nos pueden enseñar. Gente admirable, son custodios del conocimiento ancestral. Descubrí ese mundo: estuve más de un mes en ese primer viaje y luego fui muchas veces más. Luego comencé a llevar grupos de uruguayos para tener ese contacto. Son viajes místicos… He dado charlas, a pedido de la embajada peruana, sobre el Perú místico en el Conrad, en el Museo Zorrilla, en el Centro Cultural de España.

-¿Cómo viviste el fin de la etapa en el noticiero?

-No fue duro, para nada. Porque yo siempre sentí que Silvia Kliche no era la TV. Mi vida está por encima de lo que haga. Siempre voy a seguir siendo quién soy, haga lo que haga. A lo mejor si hubiera sentido que sin TV no era nadie, hubiera sido durísimo. Como siempre lo tuve claro, para mí, la TV es un trabajo como cualquiera. Bueno, ha sido cuestión de cambiar de trabajo.

-¿Así lo viviste?

-Lo místico, lo espiritual, siempre me interesó desde que nací. Mi carrera de periodista me ayudó a conocer gente, estar en lugares… Por ejemplo, mi primera cobertura en el Interior como periodista fue a la estancia la Aurora (Salto, donde se presume hay avistamientos de Ovnis). Capaz que una casualidad, capaz que no.

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