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Colonia bajo fuego cruzado

El barrio histórico de Colonia está por cumplir 20 años como Patrimonio de la Humanidad, pero la situación no da para festejos. Enfrentamientos internos y problemas de gestión han provocado un deterioro tal que puede terminar por hundir al sitio en la lista roja de la Unesco.

En el barrio antiguo hay perros sueltos, basura y caos en el tránsito. Foto: M. Bonjour.

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ANDRÉS ROIZEN26 jul 2015

Colonia del Sacramento lleva casi cinco años sitiada y bajo fuego cruzado. Pero esta vez no son los portugueses ni los españoles los que quieren hacerse con ese punto estratégico a orillas del Río de la Plata. Ahora el embrollo es político. Es un tire y afloje entre el gobierno nacional y el departamental, y las municiones toman forma de burocracia.

Las pugnas por la conducción del barrio histórico se dan entre la Intendencia de Colonia y la Comisión del Patrimonio, que depende del Ministerio de Educación y Cultura (MEC). También entre los intereses históricos y los comerciales. Aunque al final, nadie termina por imponerse y es la ciudad la que sale perjudicada.

El bombardeo político se traduce en descuido y deterioro. El pasto está largo en las plazas, los bancos están rotos y con la pintura descascarada, el tránsito es un caos, la limpieza es deficiente y en los cestos la basura se acumula hasta desbordar. El encanto está intacto, sí, pero hay varios elementos que generan preocupación entre entendidos e involucrados sobre la conservación del lugar.

El barrio histórico ostenta, como una medalla, la declaratoria de Patrimonio de la Humanidad que le otorgó la Unesco en diciembre de 1995, hace casi 20 años. Pero ese título —que acaba de recibir el Frigorífico Anglo en Río Negro y que poseen lugares del porte de las pirámides de Egipto— genera tantos honores y alegrías como desafíos y dolores de cabeza.


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Tal es la situación que en Colonia todos reconocen que el sitio precisa encontrar nuevamente el rumbo y recuperar el brillo "antes de recibir un reto". Saben que "así como se entra en la lista de la Unesco, también se puede salir".

Abandono.

Según varios especialistas consultados, "resulta muy difícil" que un sitio pierda la categoría de Patrimonio de la Humanidad. Igual, también dejaron en claro que no se necesitan muchos méritos para caer en una "lista roja", forma con la cual el organismo advierte por las malas condiciones de mantenimiento.

Hasta ahora, en el mundo solo dos lugares perdieron la calificación (el Valle del Elba en Dresde, Alemania, y el Santuario del Oryx árabe, en Omán), pero en América Latina ya hay ocho casos que ingresaron en la lista de sitios en peligro.

Caminar por el barrio histórico, con sus calles estrechas y empedradas, entre casas que combinan estilos portugueses y españoles de hace 200 años, genera una sensación ambigua. Por un lado el turismo no deja de llegar, las fotos se cuentan de a miles por hora y la gente sonríe en cada rincón. Todo parece fantástico. Pero una mirada apenas más detallada detecta fácilmente las carencias y el déficit en la gestión se vuelve difícil de explicar.

Por ejemplo, el puente de madera de la llamada "Puerta de Campo" (la Puerta de la Ciudadela de Colonia) está en muy malas condiciones. Unas cuantas maderas están desgastadas y podridas. Una, incluso, tiene encima un tablón cualquiera clavado de forma artesanal. Rompe los ojos.

En la Plaza Mayor —la central— el panorama también denota descuido. Para empezar hay 10 perros sueltos que deshacen las bolsas de basura, molestan a algunos turistas o pelean entre ellos. Además hay una cuidacoches que tomó un banco como su casilla de descanso y deja ahí bolsas con comida y papel higiénico. En un árbol contiguo cuelga ropa y algunas bolsas con elementos personales.

Pegados al faro, sobre algunas piedras que forman parte de los restos históricos, se han instalado ocho artesanos. Sus puestos son totalmente provisorios y descuidados. Hay tuppers con comida en el piso y ropa tirada en el suelo.

Liliana Chevallier, actual edila por el Frente Amplio y expresidenta del Consejo Ejecutivo Honorario de las Obras de Preservación y Reconstrucción de Colonia del Sacramento, dijo que "hay un amplio déficit de mantenimiento. No hubo ningún trabajo en el territorio, no se coordinaron esfuerzos y estamos en una situación delicada ante la mirada de Unesco".

El Consejo Honorario que ella encabezaba, y que formaban otros profesionales del área de la arquitectura y la historia, renunció en pleno en 2011 por diferencias con el gobierno local y con la Comisión del Patrimonio nacional. Desde entonces, el monitoreo del sitio quedó a la deriva.

Distintos arquitectos vinculados al estudio del patrimonio coloniense coincidieron en marcar esa "delicada situación" del sitio. "Se nota un franco deterioro. No ha habido intervenciones de mantenimiento ni avances en el territorio. No hay una autoridad con presencia fuerte", expresó un arquitecto que prefirió no ser identificado ni tampoco extenderse en el tema para evitar "males mayores".

Otro profesional vinculado al departamento y que también pidió no ser identificado, agregó: "Colonia está en una situación especial y puede estar corriendo riesgo de entrar en la zona roja de la lista de Unesco. Hay cosas mal hechas. Hay que pegar un timonazo urgente".

En deuda.

"¿Mi tarea? La verdad todavía estoy en proceso de entenderla. Voy aprendiendo sobre la marcha cuál es mi responsabilidad", admite la arquitecta Sonia Calcagno, que hace algo más de un mes fue designada por el MEC como "gestora del Sitio Colonia del Sacramento".

Su nombramiento se vincula justamente con una de las "deudas" que tiene Uruguay con la Unesco. La cuestión es que Colonia no cumple con la principal exigencia del organismo, que refiere a que cada lugar que integra la lista debe ejecutar un plan de gestión. Además de definir los criterios que rigen para el barrio —ya sea para la expansión de los comercios o la forma de mantenimiento de las viviendas—, ese plan debe establecer una autoridad que fiscalice el lugar.

En 2012, al límite del plazo, Uruguay entregó a la Unesco el plan de gestión, pero tres años después aún no lo ha puesto en práctica. Según Chevallier, el mismo "no existe legalmente para nuestro país". "No está aprobado y por ahora no es más que un proyecto", enfatizó la edila.

El cargo de Calcagno, que es honorario, no es lo que pide la Unesco. Es solo algo provisorio, y según ella misma confirma, se trata de un nuevo intento de calmar las aguas. "Mi objetivo es ir allanando las dificultades y trabajar para aplicar el plan de gestión", dice. Ella es presidenta del Frente Amplio en Colonia y tiene buen diálogo con el actual intendente Carlos Moreira (del Partido Nacional). Posee, además, una extensa trayectoria como arquitecta en la ciudad.

La flamante gestora recorrió parte del centro histórico con El País y señaló elementos que a su juicio "están mal", tales como la vegetación en los techos de casas de época y de museos. También marcó el problema de la limpieza y cuestiones vinculadas a la mala utilización de los espacios públicos, en referencia a la cantidad de mesas que los bares y restaurantes colocan en las veredas y en la calle: "Hay que ver qué tipo de mobiliario utilizan. Hay mesas y sillas que son bastante discretas, pero otras son todo lo contrario".

La arquitecta también quiere aplicar cambios sobre el tránsito, que se vuelve demasiado intenso para el tamaño de las calles y la cantidad de peatones que hay. Dijo que durante los fines de semana y en los momentos de más movimiento turístico la mayoría de las calles se podrían convertir temporalmente en peatonales.

Bombardeo.

Calcagno planea comenzar por "establecer qué cosas son prioritarias y cuáles pueden esperar respecto a los compromisos que asumió Uruguay ante Unesco". Pero después subraya que su objetivo esencial pasará por limar asperezas y acercar a las partes.

"Hay muchos elementos que tienen que ver con negociar, porque en Colonia lo que ocurre hoy en día es que los intereses de unos se contraponen con los de otros", concluyó la arquitecta.

En los hechos, la nueva gestora del sitio histórico tiene ante sí una situación realmente compleja que quizá requiera mucho más que negociaciones, dado que no sólo hay actores que se sienten decepcionados por la falta de gestión en el barrio histórico y han perdido las ganas de participar, sino que algunos están totalmente distanciados, incluso con choques personales entre ellos.

Walter Zimmer, que fue intendente de Colonia durante los últimos 10 años, admitió a El País que el diálogo con la Comisión del Patrimonio estuvo, hasta su último día en la comuna, totalmente cortado. "No era que hubiese una mala coordinación, sino que directamente ni siquiera existía", disparó.

El exintendente apuntó contra una de las encargadas de la oficina local de la Comisión del Patrimonio: "La arqueóloga Nelsys Fusco llevaba la voz cantante, actuaba como si fuera la patrona del barrio, excedía las potestades que tenía. La responsabilidad por el patrimonio debía delegarla en la Intendencia, pero no lo hacía".

Esta semana El País entró a la oficina local de la Comisión del Patrimonio, a pocos metros de la costa coloniense. Ahí estaba Fusco, trabajando en su computadora, con un té en el escritorio, una pequeña estufa eléctrica prendida y la radio encendida de fondo, en la cual sonaba la canción "Llora mi garganta", del cantante uruguayo Lucas Sugo.

"Nosotros nos ocupamos de todo el tema de Patrimonio Mundial y de las relaciones con la Intendencia; también de lo que tiene que ver con las obras", resumió la arqueóloga a modo de presentación.

Sobre las tareas que se están llevando a cabo, respondió: "Hacemos toda la tramitación de las obras que se realizan en el barrio histórico. Hacemos el control arqueológico y estamos monitoreando permanentemente".

De todos modos, al ser consultada por unos postes caídos y en mal estado en un sendero central de la plaza "Manuel Lobo" —algo que los vecinos han constatado hace meses e incluso lo comentó una edila del Frente Amplio—, Fusco contestó: "No sabíamos que estaban así. De haber sabido, lo conversábamos con la Intendencia".

Aseguró que mantiene un buen diálogo con la comuna y que se realizan desde hace tiempo "coordinaciones" con los correspondientes jerarcas departamentales encargados de la materia.

Pero Zimmer no validó los dichos de la profesional sobre el vínculo con la Intendencia, y afirmó que "se hacía insoportable" la convivencia entre ellos. "El gobierno del barrio lo determinó la Comisión Nacional del Patrimonio junto con la arqueóloga, y la comuna estaba ausente de las resoluciones que ellos tomaban", se excusó el exintendente.

Nelson Inda, director de la Comisión del Patrimonio de la Nación, no comparte la mirada de Zimmer. Inda opinó que la subsede de Colonia, encabezada entre otros por Fusco, "está funcionando muy bien". Igual admitió que "hay que mejorar el intercambio entre la Intendencia y las instituciones patrimoniales".

Mientras tanto, Moreira, el actual intendente, procuró poner paños fríos al asunto. "Sinceramente no sé cómo era antes el relacionamiento entre la Intendencia y la Comisión del Patrimonio". Agregó, en tanto, que "sí hay cosas para hacer en el lugar", y mencionó la necesidad de "trabajar en limpieza, arbolado y mejorar las plazas para dejar todo impecable".

De afuera.

En tanto, los comerciantes y vecinos del lugar se han alejado de la gestión del barrio y han dejado de involucrarse en las tareas del día a día. La mayoría se sienten "cansados" de tantos enfrentamientos por el cuidado del sitio y creen que, en definitiva, sus reclamos caen en saco roto.

"Tienen suerte de que esto funciona solo. El barrio histórico, así como está, está 10 veces mejor que otros sitios similares. Pero lo cierto es que acá nadie hace nada, nadie se preocupa por mejorar la situación. La política parece ser algo así como mientras no se caigan las paredes, está todo bien", opinó Miguel, un comerciante de la "Calle de los Suspiros".

EL BARRIO HISTÓRICO SE VA QUEDANDO DESPOBLADO

Otro problema que enfrenta actualmente el barrio histórico es el constante éxodo de sus habitantes. Cada vez vive menos gente en el lugar, y las residencias se han ido transformando en locales comerciales y de servicios, algo que es señalado con preocupación por los especialistas en patrimonio, dado que afirman que eso altera la identidad del sitio. Según estimaciones actuales, en el barrio viven no más de 70 familias, en un total de 282 padrones. El plan de gestión entregado a la Unesco en el año 2012 daba cuenta de que vivían unas 30 personas por manzana en el sitio histórico. En 1985 residían 763 personas en el barrio, en 1996 ya eran 466, y en 2004, año en el que fue publicado el último registro, solamente vivían 332 personas.

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