Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

Cómo aumentar la inversión

La renuncia del economista Andrés Masoller a su cargo de director de la Asesoría Macroeconómica del Ministerio de Economía y Finanzas, aduciendo discrepancias con las negociaciones que se vienen llevando adelante para la instalación de una nueva planta de celulosa, dejó varias preguntas planteadas.

En primer lugar, cuál es el grado de avance que tiene el acuerdo, que según declaraciones del ministro de Economía en el día de ayer todavía está muy lejano. En segundo lugar, cuáles son las exigencias concretas de la empresa para realizar la inversión. En tercer lugar, cuáles son las concesiones que el gobierno está dispuesto a otorgarle a la empresa. Y, cuarto y más importante, debemos conocer si existe algún cálculo que permita establecer si los gastos y exoneraciones que se le otorgarían a la empresa tienen sentido desde el punto de vista de la economía del país.

Ninguna de estas preguntas tiene hoy una respuesta categórica. Es evidente que las inversiones a realizar son cuantiosas, que las exoneraciones que se exigen también lo son, y si bien es claro que la nueva planta de celulosa es positiva, no es tan claro que lo sea si la empresa fija todas las condiciones.

Este asunto plantea otro anterior y más de fondo que es cuál es el marco en que se realizan las inversiones en nuestro país. En un momento en que la inversión viene cayendo y eso empieza a comprometer el crecimiento en el largo plazo, cómo atraer inversiones locales y extranjeras es un tema absolutamente central.

Lo más razonable, amén de saber que la realidad impone que algunas inversiones de gran porte siempre van a requerir alguna condición especial, es que exista un set de reglas de juego claras, iguales para todos los inversores, estables y predecibles y que incentiven la inversión. En este rubro tenemos una vasta agenda de mejoras para implementar.

Sería muy positivo para atraer más y mejores inversiones nivelar y desmalezar el terreno para todos. En este sentido, mejorar la eficiencia de la justicia que es un mal señalado en varios indicadores internacionales es clave. Reducir y simplificar la burocracia, desde los trámites iniciales a la habilitación de Bomberos o el fin de obra, deberían ser temas en que lográramos avanzar. Reducir los impuestos sobre las inversiones, cuando la situación fiscal lo permita, también es importante, pero sin discriminaciones que afectan a los más chicos y a los nacionales.

La inserción internacional es otro capítulo central. Competir contra empresarios instalados en otros países que entran gratis a países en los que los nuestros deben pagar aranceles elevados es otra traba formidable. La agenda puramente retórica sin ningún tratado nuevo que hoy tenemos en inserción internacional debe dar paso a una proactiva que nos ayude a recuperar terreno en un mundo que no nos está esperando.

El funcionamiento del mercado de trabajo, otro aspecto en que salimos mal parados en todos los índices internacionales, debe actualizarse. Los más beneficiados serían los trabajadores de las nuevas áreas de la economía, los jóvenes y los desempleados. Hay muchos temas más en los que debemos avanzar, los enunciados son solo una muestra, pero ese es el camino: facilitarles la vida a todos los inversores, no solo a UPM.

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