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"El MLN me quería liquidar y yo luché"

En la tarde del viernes, en un salón del piso 25 del Hotel Sheraton, Héctor Amodio Pérez toma su libro de la mesa, se sienta en un sillón y se dispone a responder las preguntas de El País. No exagera en sus gestos y por momentos parece inexpresivo.

Contesta siempre, cuando su versión parece quedar en falso, busca amparo en el relato de episodios concretos y distantes en el tiempo. Reivindica su derecho a contar su verdad, afirma que el traicionado fue él y se describe como una “víctima” de los hechos. Como hace dos años cuando abandonó la clandestinidad, su relato se vuelve frágil a la hora de precisar su colaboración con los militares del Florida.

—Dijo hace dos años que no le interesaba venir. ¿Qué lo hizo cambiar de opinión?

—En el libro "La tiranía de la miseria" descubrí que entre el MLN, Federico Fasano y el coronel Ramón Trabal falsificaron mi manuscrito de 1972. Las versiones que se han publicado (al menos cuatro) son coincidentes, pero todas son falsas. Esta era una oportunidad para demostrarlo.

—En el manuscrito que usted escribió en la cárcel vinculó a políticos con el MLN y a Enrique Erro le costó una solicitud de desafuero. Fue acusado en aquel momento de conspirar junto a militares para ensuciar la imagen de dirigentes políticos y generar así un clima propicio para el golpe de Estado.

—No es así. Yo hablo de los contactos que la Justicia Militar ya conocía por las declaraciones de Jorge Manera, Eleuterio Fernández Huidobro, Mauricio Rosencof y Mario Arquímedes Píriz Budes. Yo soy el último. Lo que pasa es que se da a conocer mi declaración ante la Justicia Militar y se oculta la de los demás. Antes que yo admita que Erro estaba en contacto con el MLN había sido denunciado por todos los demás, que fueron detenidos mucho antes que yo.

"El MLN me quería liquidar, y yo luché", afirmó. Foto: D.Borrelli.

—¿Esas declaraciones de sus compañeros que Armando Méndez le entregó fueron arrancadas en la tortura?

—Sí.

—O sea que Rosencof, Eleuterio Fernández Huidobro y otros declararon porque fueron torturados.

—Seguramente fue así.

—¿Hasta dónde las declaraciones de ellos comprometían la estructura del MLN?

—En nada. Declararon hechos sobradamente conocidos.

—Cuando usted habla de carpetas y no dice qué contenían, deja la sensación de que colaboraron con los militares.

—No, ocurre que se ha pretendido decir que el único que ha vinculado con el MLN a Enrique Erro y Wilson Ferreira Aldunate he sido yo, y no es así. Incluso Efraín Martín Platero y Julio Marenales han admitido públicamente que eran ellos los contactos.

—Usted dice en su libro que el MLN le daba seguridad personal a Wilson Ferreira. ¿Quiénes sabían eso?

—El Comité Ejecutivo lo sabía.

—¿Y qué tipo de seguridad se le daba?

—Vigilancia en la casa.

—¿Esos contactos durante cuánto tiempo se dieron?

—Durante la negociación del plan Satán en 1970 (secuestro de personalidades para canjearlas por presos del MLN), es cuando Wilson informa a través de Pedro Zabalza, el padre de Jorge, de las distintas alternativas que va sufriendo Jorge Pacheco Areco en la negociación interna para acceder al canje.

—Usted sabe bien que identificar a los políticos en aquel momento como colaboradores de la guerrilla comprometía seriamente la institucionalidad del país y favorecía a los militares golpistas.

—Pero no era yo el que lo dijo. Es una de las falacias más grandes. Yo solo intenté defenderme de una acusación falsa que se me estaba haciendo, que era el haber entregado la cárcel del pueblo. Ya está absolutamente demostrado que no fui yo, y el MLN lo sabe desde el 15 de junio de 1972. Adolfo Wasem se hizo responsable y sin embargo el MLN mantuvo la condena en mi contra, y a medida que fue necesitando me fue aumentando el prontuario para mantener la acusación. En ese libro menciono a Ferreira Aldunate, Erro y creo que a Manuel Flores Mora y Alba Roballo, pero el que estaba ya conspirando contra el sistema político establecido era el hoy señor ministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro. Y lo confiesa en uno de sus libros. Dice que fue un error intentar tupamarizar a un sector de las Fuerzas Armadas. En ese momento, a Ferreira Aldunate, Erro, Jorge Batlle y todos los demás que habían mantenido contacto con el MLN no les interesa que Amodio Pérez publique su libro y se da una entente entre la clase política y el MLN, dos enemigos que se unen para darme palos. Yo no conspiré contra el sistema político. El que estaba conspirando contra el sistema político era el MLN, cuando ya se estaban reuniendo para preparar las comisiones de los ilícitos, que es la segunda tregua, fundamentalmente con la gente del Florida y otras unidades donde participan todos. Sin embargo, Wilson decía que el que se reunía con militares para socavar el sistema político era yo.

—En el libro usted afirma que Wilson estaba dispuesto a apoyar un golpe peruanista, de corte izquierdista o progresista como el de Velazco Alvarado.

—Sí, porque Wilson fue un oportunista toda la vida. Incluso, cuando Wilson renuncia a presentarse a la Presidencia y le da pie a Julio María Sanguinetti, lo hace conscientemente. Es una imposición de los militares que está en la base del acuerdo que hasta hoy se mantiene entre el MLN y los militares.

—Acusa a alguien que ya no puede defenderse.

—Lo siento mucho. Esto lo quise decir hace mucho tiempo y nadie me dio la oportunidad. El País tampoco. Yo envié cartas y no se publicaron. Los viejos prohombres del MLN no se habían desprestigiado lo suficiente como para que un sector de la sociedad estuviera dispuesto a darle voz a un pobre desgraciado que le dieron como en bolsa durante cuarenta años. Yo he estado como la víctima de una patota a la que la cagan a palos y cuando va a presentar la denuncia la agarran los milicos y la terminan de matar.

—Usted se victimiza.

—Claro que sí. Yo soy un traicionado. Y lo puedo demostrar. Está en los libros de Clara Aldrighi, de Alfonso Lessa. Y a mi me mandan a ser detenido.

—Después de una discusión con la dirección del MLN en 1972 lo envían a un apartamento en el barrio Palermo. ¿Usted dice que fue enviado allí para que cayera?

—Sí.

—¿Cree que alguien lo delató?

—La dirección me mandó a un local que sabía que estaba súper quemado. Sabían que ese local iba a caer. Si yo hubiera sido el tío peligroso que ellos decían que era, y que sabían que cuando me detuvieran me iba a poner a colaborar, lo que tenían que haber hecho era dejarme en el Santiso (uno de los berretines del MLN), donde estaban ellos, a buen recaudo. A mí me mandan para que sea detenido.

—¿Y por qué le harían eso?

—Porque desde 1971 yo me opongo a todos los planes que Huidobro y Raúl Sendic quieren instalar. Están maquinando una fragmentación del MLN. Ellos no quieren al Ejecutivo que está en ese momento gobernando la organización, que es la gente que reconstituye el MLN después de la caída de Almería (local en Malvín en el que en 1970 cayó parte de la dirección).

—Dice que el MLN lo entregó en 1972. Había tenido una discusión con la dirección, su esposa acababa de caer y dice el ex tupamaro Marcelo Estefanell que usted estaba quebrado. ¿Por qué la dirección iba a querer que cayera en manos de los militares sabiendo que podía colaborar? ¿No era más fácil enviarlo a Chile o encontrar otra solución?

— La dirección del MLN no me quería dar de baja porque iba a tener que explicar por qué lo hacía con un tipo de mi trayectoria.

—Pero su versión no parece razonable.

—Me querían liquidar. Me ponen en la obligación de luchar por mi vida. Es lo que hago cuando Wasem me dice negro, sos el cabeza de turco.

—Pero el MLN sabía que entregarlo podía costarle mucho.

—Es que yo no tenía información. Esa es la base de todo.

—Usted dice que solo ordenó papeles del Órgano Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA)

—Ni siquiera los ordené.

—O sea que usted engañó al mayor Armando Méndez.

—Efectivamente.

—Un militar del Florida que tuvo contacto con usted me dijo que usted ordenó el "plan de batalla", es decir, todo el plan de acción, los objetivos, los recursos. Todo.

—Es mentira, nunca hubo un plan de batalla porque era tan grande la dinámica de gente que caía que era imposible ordenar nada. Se detenía a un tío, se le daba lo que se acostumbrara y salían en tropel a detener más gente. Eso era una bola de nieve. Las Fuerzas Armadas nunca supieron quién pertenecía a una organización y quién a otra.

—Evita la tortura, la cárcel y se va del país junto a su esposa (Alicia Rey) con una nueva identidad. Es mucho para alguien que no hizo nada por los militares. Hace dos años el periodista Gabriel Pereyra le insistió mucho en este punto y usted se mantuvo en que solo ordenó papeles. No se entiende cómo si usted no le dio nada a Méndez termina logrando todos esos beneficios mientras el resto de los líderes tupamaros pasaron más de diez años presos. Es muy frágil su relato en ese aspecto.

—Se lo voy a explicar. Cuando la primera tregua los jerarcas militares estaban temerosos de la capacidad dialéctica de Fernández Huidobro. Creían que Fernández Huidobro los iba a superar. Tanto es así que cuando el coronel Carlos Legnani me dice que van a negociar una tregua con los tupamaros y que es Wasem quien la plantea, y que Wasem va a ser enviado a entrevistarse con la dirección del MLN, yo les dije están locos, el único que los puede convencer y debe ir es Fernández Huidobro porque si va Wasem consigue el resultado contrario. Fernández Huidobro sale a negociar la rendición incondicional del MLN en junio de 1972. Sale a plantear que el MLN se tiene que rendir porque está liquidado. Compañeros, estamos deshechos, dice, la caída de gente es imparable. Eso yo lo había dicho al día siguiente del 14 de abril, que debíamos replegarnos, salir de la calle, que era una locura lo que se estaba haciendo. Y por eso me pusieron en la mira, porque me opuse a todos los planes.

—Si es cierto que no entregó locales ni guerrilleros, bien se podría especular que el trato que recibió derivó de la entrega de las libras de Mailhos o que su colaboración había empezado en 1970, como afirma Zabalza.

—Si colaboraba desde 1970 por qué el MLN me siguió dando responsabilidades. Hasta el día que fui detenido era el administrador de las finanzas, ¿quién contaba los billetes de los secuestros y los repartía por columna? El que administraba los dineros era yo en un local pegado al Piñeyro del Campo. Ahí me reuní con Marenales y Sendic para discutir el repliegue. Sendic me dijo cómo vamos a parar, tenemos que seguir porque si no van a decir que desatamos una ofensiva que no pudimos controlar. Yo le dije: "es lo que está pasando".

—Qué opinión le merece el comisario Alejandro Otero.

—Un charlatán.

—Y el comisario Fontana.

—Vivía de las coimas que le mandábamos.

—Otero dice que usted le ofreció a Fontana entregar al MLN a cambio de pasaportes y la liberación de su esposa.

—Y por qué no aceptó. ¿Tenía para liquidar al MLN y no aceptó? Es un poco tonto. El comisario Otero se quedó fuera del relato y se inventó un papel protagonista que no tuvo. Otero nos dio dos o tres golpecitos de morondanga. Lo que liquida al MLN son las Fuerzas Armadas con la tortura, más los errores propios del MLN, que era una organización desquiciada, no existía.

—Usted ha sido muy crítico con Sendic.

—A Sendic ni yo mismo lo pude controlar porque Sendic hacía lo que le daba la real gana. En la biografía de Samuel Blixen sobre Sendic hay una mentira por página. Cuando cayó Manera el hombre de confianza de Sendic fui yo. Yo lo llevaba a Rivera, Paysandú, etc. En esa etapa yo era un firme defensor de Sendic pero empiezo a dudar cuando comienzo a convivir con él. Estoy enterrado con él en un rancho en Solymar y empiezo a ver que es organizativamente un peligro. Siempre se puso de acuerdo conmigo pero después hacía lo que quería. No me lo hizo solo a mí. Todo el mundo se reía de las metidas de pata de Sendic. Era un paisano bueno, dijo una vez Mujica. Un paisano bueno que nos costó sangre, sudor y lágrimas.

—¿Qué cuota parte de responsabilidad le cupo al MLN en el golpe militar que se produce en 1973?

—Mucho, pero también la clase política los alentó.

—En el año 1963 se hizo el asalto al Tiro Suizo. Diez años antes del golpe de Estado. ¿Por qué surge el MLN en plena democracia?

—Eso de en plena democracia es según como se mire. Nosotros capaz que nos equivocamos pero entendimos que eso no era democracia. Si me planto en 1963 hago lo mismo.

—¿Y ahora?

—No, porque hoy sé que todo ese esfuerzo iba a ser inútil, porque nos íbamos a enfrentar a una fuerza sin ser conscientes. El error fue creer que socavando al sistema político uruguayo íbamos a hacer la revolución en el Uruguay. Ese fue nuestro error.

—¿El error para usted fue no prepararse para ganar o no haber buscado en 1963 salidas institucionales?

—La situación económica y social del 63 al 68 es de pánico, especulación, crisis bancarias, etc..

—¿Usted cree que la situación era peor que en 2002, cuando la crisis se sorteó sin interrupción institucional?

—No, ocurre que en 2002 había que evitar otro MLN, entonces se le da oportunidad a la izquierda para que gane las elecciones. Antes era imposible y es una diferencia fundamental. La gente de izquierda no tenía cómo expresarse.

—Dice entonces que el error estratégico fue socavar al sistema político.

—El error fue creer que solo con socavar al sistema político hacíamos la revolución. No sabíamos la que se nos venía.

—El ex tupamaro Aníbal de Lucía dice en La Revolución Imposible que el objetivo era tomar el poder y que no eran un grupo de autodefensa.

—Claro, no mandamos a centenares de gente a la clandestinidad para no tomar el poder.

—¿Sabían qué hacer con él?

—No.

—Había un vacío ideológico.

—Si, premeditado para captar la mayor cantidad de gente posible. Huidobro era el que más insistía con el marxismo leninismo. Que no diga ahora que hubo gente que aprendió en cursillos de marxismo leninismo y luego quiso hacer la revolución, tal vez él fue uno de ellos porque dos por tres sacaba a relucir el marxismo.

—¿Cómo se define hoy?

—Casi cercano al comunismo.

—¿Sintió culpa mientras rehacía su vida y sus excompañeros estaban presos en los cuarteles como rehenes de la dictadura militar?

—Yo participé en las campañas de Francia y España por la liberación de mis excompañeros. Le puedo mostrar los actos en los que estuve. Yo defendí mi vida y la de mi compañera. ¿Qué hice? Simular que ordenaba los papeles.

—Hay muchos convencidos e indicios de que usted entregó gente, los marcó en la calle, participó de operativos con militares.

—Pienso que es suficientemente claro que todo eso es falso. Aldrighi dice que denuncié a Arturo Dubra y le dejé una nota, cuando fue detenido antes que yo. Dicen que entregué a Julio Listre, a Rodríguez Larreta, que estaba en un cine, cómo yo iba a saber, estando detenido, que él estaba en un cine. Pienso que lo entregó el contacto con el que se iba a encontrar allí.

—Estefanell es más condescendiente y cree que usted se quebró.

—No acepto condescendencia. Ellos saben que la acusación en mi contra es falsa.

—Pero lo demostrable es que usted rehizo su vida y los demás terminaron presos.

—Y qué salida me quedaba, que mis compañeros me boletearan.

—Zabalza dijo al programa En la Mira que él no traicionaría a sus compañeros aunque lo amenacen con torturar a la mujer que ama.

—Es fácil decirlo. Se van los mejores años de tu vida, por desidia de la organización se llevan por delante a tus compañeros, tu mujer se entrega para salvar a otros y nadie tiene la valentía de admitirlo.

—Usted sigue dolido con Mujica porque cree que no ayudó a su mujer cuando se entregó en las cloacas.

—El aspirante a Premio Nobel de la paz no tiene la valentía de reconocer que estoy diciendo la verdad.

—¿Qué hizo cuando Mujica fue electo presidente?

—Lo festejé. Tengo una foto de él con la banda presidencial porque creo que fue un avance para el Uruguay. Pero nunca tuvo el peso que se le han adjudicado. Mintió en la operación de Pando cuando solo tomó la telefónica mientras que la columna 15 tomó la comisaría y el cuartel de bomberos. Hay una gran diferencia entre una cosa y otra. Miente al decir que él se salvó en la salida de Pando porque tomó un camino que sólo él conocía.

—¿Entiende que es difícil creer su versión?

—Cuando pasan cuarenta años insistiendo en una versión es difícil desmontarla de un día para otro. Pero yo no causé la derrota del MLN ni fui el traidor número uno. Nadie me dio la baja pero si me la hubieran dado, qué derecho tienen a exigirme fidelidad.

—La gente que usted reclutó y seguía dentro de la organización y se jugaba la vida tenía derecho a exigirle lealtad.

—Nadie de los que defiende la versión oficial sabe la verdad. Yo vine a darla. No vine a reconciliarme ni busco condescendencia. Me puedo equivocar en matices, pero no en el fondo del asunto. Que la gente que me acusó venga y me lo diga en la cara.

Amodio Pérez, MLN,

"No me arrepiento de haber sido tupamaro".

—¿Se arrepiente de algo de lo hecho durante su militancia en el MLN?

—De muchas cosas.

—Deme un ejemplo.

—Fundamentalmente de no haber sabido ver que lo que se estaba gestando en el MLN era su división y no el intento de poner en práctica unos criterios equivocados. Se me acusa de ambición de poder, no hay más que leer a Fernández Huidobro en el libro de Clara Aldrighi. Los que estaban deseosos de tomar el poder eran ellos. Fernández Huidobro se queja del poder que tenía Donato Marrero, ¿y por qué no?, ¿qué hizo Fernández Huidobro por el MLN? Marrero sacó una organización adelante que en 1970 estaba deshecha. Que me diga Huidobro qué acción llevó adelante. ¿Que me diga una?

—Dice en el libro que Huidobro al negociar con los militares la tregua o la comisión para perseguir ilícitos económicos perjudicó a compañeros.

—Deliberadamente no. Él se creyó que iba a ser parte de un entramado que se iba a formar y qué él lo iba a integrar. Siempre fue su idea. Cuando sale a negociar la rendición incondicional estaba convencido que iba a venir con el aval. Él se elaboró una lista en el Florida para que los que no tuvieran delitos de sangre fueran tratados con benevolencia. El primero era él, el segundo Rosencof. Dejaron fuera al gallego Antoni Mas Mas, a Néstor Peralta Larrosa, gente que quedaba señalada. ¿La señalé yo? No, la señalaron ellos por un motivo loable (ironiza), iban a conseguir la pacificación.

—Le pregunté por sus arrepentimientos y usted habla de la organización. No le resulta frío después de todo lo que vivió y el costo de esos años para mucha gente.

—Usted quiere que le diga que me arrepiento de haber sido tupamaro. No, no me arrepiento de haber sido tupamaro. Me arrepiento de los errores que cometí.

—Pero esos errores causaron muertes como las del peón Pascasio Báez. ¿Quién decidió matar a Pascasio Báez?

—El Comité Ejecutivo de ese momento con Rosencof, Wasem, Engler y Marrero, con el consentimiento de Raúl Sendic. Que no pretendan sacarlo a Raúl Sendic de la responsabilidad de la muerte de Pascasio Báez. Porque la tatucera era de su columna, y que nadie me venga a decir que se va a tomar una decisión que afecta a la tatucera más grande que tenía Sendic sin habérselo comunicado. Nadie decidía una muerte porque sí.

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