En familia: un museo dentro de otro

Lo mejor de China en el Zorrilla

Fotos, bocetos de escenografías y vestuarios se presentan como joyas de la muestra.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
China Zorrilla, Enrique Guarnero, Margarita Xirgu, Alberto Candeau y Maruja Santullo. Foto: CMDF

Una línea del tiempo dibujada sobre una pared blanca, ubica al visitante y al personaje al que, unos metros más adelante, y traspasando el umbral del salón de exposiciones del Museo Zorrilla, se mostrará en los comienzos de su extensa y brillante carrera artística.

Es como entrar en un teatro en el que de un momento a otro la función va a comenzar. El espectáculo: La Comedia de China, la protagonista: China Zorrilla, que parece no haberse marchado del todo.

La Comedia de China es el nombre de la exposición con que el Teatro Solís, la Intendencia de Montevideo, el Ministerio de Educación y Cultura (MEC) y el Museo Zorrilla, quisieron homenajear a Concepción Matilde Zorrilla de San Martín, "China", a poco más de un año de su muerte, ocurrida el 17 de septiembre de 2014.

¿Cómo abarcar más de 60 años consecutivos dedicados por entero al arte? Esta fue la pregunta que los impulsores del homenaje se realizaron más de una vez. El desafío era tan grande como difícil de concretar. Es que China empezó su carrera profesional como actriz en 1948 y no paró hasta que el 14 de marzo de 2012, día en que cumplió 90 años, se retiró con una función de teatro leído de Las denfrente, de Federico Mertens, en el Cervantes de Buenos Aires. En esos 64 años actuó, dirigió, compuso y tradujo más de 300 espectáculos teatrales, intervino en 50 películas y otros tantos teleteatros y unitarios. Hizo también radio, televisión y por un año fue corresponsal del diario El País en Europa. ¿Cómo abordar una vida tan prolífica? ¿Cómo hacer un homenaje a la altura de quien apostó y dio lo mejor que tenía por la cultura?

La respuesta fue La Comedia de China, una exposición que se concentra en los once años en que Zorrilla fue parte de la naciente Comedia Nacional y por ende del surgimiento del teatro uruguayo de calidad. No estuvo sola en esos comienzos, es cierto, también fueron de la partida Alberto Candeau, Enrique Guarnero, Maruja Santullo a lo que pocos años más tarde se sumarían Estela Castro, Estela Medina y Juan Jones, entre muchos otros. Pero, sin dudas, fue ella a quien su talento e histrionismo la convirtieron en una figura de reconocimiento internacional y en un mito.

Tesoros.

Grandes paneles con fotos, programas, bocetos de escenografía y vestuario, forman una galería en la que se descubre a una China poco conocida. La mujer de rostro fresco e inocente que fue Julieta en Romeo y Julieta de Shakespeare o la Novia de Bodas de Sangre, de Federico García Lorca, en ambas dirigida por la catalana Margarita Xirgu, ya por entonces una leyenda en vida.

Está también la comediante desopilante que se reveló como tal en 1952, en Intermitencias, de María de Montserrat, donde protagonizó a una vecina chismosa y entrometida; o la mujer que formó con Guarnero, la pareja artística más cómica que se recuerde en el teatro uruguayo. Ese dúo protagonizó en 1954 Fin de semana, de Noel Coward, una comedia inglesa en la que el día de su estreno un espectador, de regreso a su casa, murió de un infarto como consecuencia de lo que se había reído. La historia, aunque parezca un cuento, fue real y tuvo como consecuencia que las localidades se agotaran con un mes de anticipación; todos querían ver la obra en que la gente se moría de risa.

El visitante tendrá que hacer esfuerzo para reconocer a China en el personaje de la Virucha de La patria en armas, de Juan Bengoa y se deleitará con la sonrisa pícara y cómplice de Dorina en Tartufo de Moliére. No menos interesantes son las fotografías de El Alcalde de Zalamea, de Calderón de la Barca, donde Zorrilla deslumbró con el personaje de la Chispa.

El vestido que lució en La invitación al castillo de Jean Anouilh, en 1954, conservado en el taller de vestuario de la Comedia Nacional y más imágenes que muestran un tiempo y a los protagonistas de un teatro nacional que surgía e iniciaba un ascendente camino, forman parte de esta puesta en escena, en la que uno espera que de un momento a otro la actriz aparezca y nos arranque una carcajada con su inolvidable sentido del humor. La muestra se cierra con una entrevista inédita a China, proyectada en una amplia pantalla ubicada fuera de la sala.

Visitar La Comedia de China despierta en los mayores un cúmulo de emociones y recuerdos hermosos y para las generaciones más jóvenes puede resultar una linda experiencia, porque es una forma de conocer e informarse sobre quiénes y con qué cometido apostaron al teatro nacional de calidad.

No obstante, cualquiera sea la edad del visitante, asistir estos días a la que fuera la casa de veraneo de don Juan Zorrilla de San Martín, resultará una experiencia que vale la pena vivir. A la salida, seguramente comprenderá por qué al recordar ese tiempo China dijo: "Fueron los mejores años de mi vida y yo sabía que lo eran, mientras los estaba viviendo".

Abanicos, guantes y un perfume a actriz.

La muestra La Comedia de China es el fruto de una investigación de varios meses llevada a cabo por Diego Fischer y Marcelo Sienra en el Centro de Investigación, Documentación y Difusión de las Artes Escénicas (CIDDAE) del Teatro Solís, donde cuidadosamente clasificados se atesoran documentos valiosísimos de gran parte de la historia del teatro uruguayo. La curaduría de la muestra le fue encomendada a Diego Fischer, mientras que el diseño es obra del reconocido escenógrafo Osvaldo Reyno. En el amplio salón del Museo Zorrilla, el experimentado y premiado Reyno ambientó un espacio amplio en el que, con objetos prestados por las hermanas y sobrinos de China, logró hacer aún más cálido y elocuente el recuerdo de la actriz. No hay nada lujoso allí. Lo material y mucho menos el lujo formaron parte de su vida, pero sí se encuentran pequeñas obras de arte como cuadros pintados por su hermana Guma, dos esculturas de José Luis, su padre. También hay guantes, abanicos, bijouterie, cajas y hasta un bombín. Todo desplegado sobre una cómoda y una mesa que pertenecieron a China. Allí el tiempo marcó su huella, impregnando todo con el perfume de las cosas bien vividas.

De paisana.

Una irreconocible China Zorrilla en el papel de la Virucha, en La patria en armas, de 1950, puede verse en la foto que integra la exposición abierta de lunes a sábado de 14:00 a 19:00 horas, hasta el 27 de febrero inclusive, en el Museo Juan Zorrilla de San Martín de Punta Carretas.

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