El profesor Ha-Joon Chang, combatiente de la ortodoxia económica, se ha convertido en un radical sin moverse un ápice.

"La moneda única europea fue un error"

El hábitat laboral de Ha-Joon Chang, nacido en 1963 en Seúl, Corea del Sur, no es el que uno espera de alguien a quien la revista Prospect incluyó el año pasado entre los 10 pensadores más influyentes del mundo. Su cruzada contra la ortodoxia económica se libra desde un despacho de apenas 15 metros cuadrados en la Facultad de Economía de Cambridge, con una pequeña mesa de madera, una vieja computadora, cajas de cartón y las paredes repletas de áridas publicaciones académicas y de diferentes ediciones de sus libros, traducidos a más de 30 idiomas, que han comprado cerca de dos millones de personas por todo el mundo.

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Ha-Joon Chang. Foto: El País

El País de Madrid

Ante la pregunta acerca de qué es ser un economista heterodoxo, Ha-Joon Chang responde que "la heterodoxia es un concepto relativo. En economía del desarrollo, que es mi campo principal, lo que yo digo solía ser lo ortodoxo en los años cincuenta, sesenta y setenta. Hoy la ortodoxia es la llamada escuela neoclásica. Es una corriente que ve la economía como una colección de individuos racionales y egoístas, interactuando en intercambios de mercado. Esta escuela proporciona conocimientos muy potentes, pero no lo cubre todo. No cuestiona el sistema subyacente y por eso tiene ese sesgo hacia, digamos, el statu quo. Trato de cuestionarlo todo el tiempo, y en ese sentido no soy un economista neoclásico ortodoxo".

Sostiene que "la economía en los últimos 30 ó 40 años ha estado desempañando el papel de la teología católica en la Europa medieval: funciona como ideología para justificar el statu quo. La gente tiene opiniones muy fuertes sobre muchas otras cosas, sin tener realmente un conocimiento muy profundo. El cambio climático, la política de Estados Unidos en Oriente Próximo. Pero cuando hablamos de economía, se nos ha hecho creer que hay que dejarlo para los expertos. Eso es un enorme obstáculo para la democracia. Se excluyen las decisiones económicas más importantes del debate y escrutinio democrático".

Sobre Europa y la crisis griega, dice que el problema es la moneda única. "Esta tiene sentido cuando la introduces en una región que es más o menos homogénea en términos de estructura económica y productividad. Pero el euro se introdujo en una zona de grandes desequilibrios. Estados Unidos es un país del tamaño de un continente. Hay diferencias de renta importantes, pero hay una unión física, hay transferencias fiscales y el mercado laboral está totalmente integrado, al no haber barreras de idioma. En Europa, imponer una moneda única fue un error".

"Al entrar en la moneda única, los países más fuertes deberían haber estado dispuestos a cuidar de los más débiles. Normalmente, los países con productividad más baja que tiene problemas, devalúan. Es lo que hacían España o Italia todo el tiempo. Ahora no pueden, lo único que pueden hacer es bajar salarios y cortar gasto público, y eso deprime la economía. Deberían haber permitido más campo para transferencias fiscales y cancelación de deuda. Pero no quieren hacerlo. Y es, probablemente, porque los finlandeses no sienten realmente que están en el mismo país que los griegos y los alemanes no piensan en los españoles como sus compatriotas. Ahí está la raíz del problema. Sin el compromiso de cuidar a los más débiles, no podemos tener una moneda única".

Insiste en que el euro "fue un proyecto erróneo" y que hay que intentar corregirlo. "La alternativa es una austeridad permanente en países como España o Portugal. En cuatro años más la economía seguirá igual de muerta, mucha más gente habrá sufrido por los recortes continuados y en algún momento la gente va a decir que esto es un sinsentido. Si salen de la unión monetaria, por lo menos podrán devaluar y revitalizar la economía. Más pronto o más tarde, países como España, Portugal o Italia, deberán mirar sus opciones".

Acerca de si las heridas abiertas entre el norte y el sur de Europa son irreparables, indicó que en la prensa alemana o británica los españoles y los griegos están descritos como gente vaga que trata de robar dinero de Alemania. Eso es un escándalo. Los griegos trabajan un 50% más que los holandeses, un 40% más que los alemanes. ¿Quiénes son los vagos? Grecia y España tienen problemas de productividad. Habría que haber hablado de inversiones en infraestructuras, investigación y desarrollo, educación. No decirles a los griegos que sean más honrados y a los españoles que trabajen más duro. Es triste porque es justo el error que se cometió después de la I Guerra Mundial. Estamos repitiendo los errores de hace cien años, y muchas cosas malas sucedieron después de eso.

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