Wanda, su boda y una tarde descontrolada

Por Luis Ventura

Los chicos crecen y en esa metamorfosis física y de vida, las cosas cambian. Casi sin darnos cuenta. Como si un chasquido de dedos mutara lo que era en lo que realmente es. Ya nada vuelve a ser igual, aunque la esencia de las cosas siga siendo la misma. Por eso, Wanda Nara no termina de asimilar que aquella muchacha que fue haciéndose camino en el mundo del espectáculo, de la moda y de los medios, hoy se ha convertido en una mujer capaz de movilizar multitudes.

Aunque parezca mentira, es así. Y en esto no busquemos méritos porque es lo que esta chica de 22 años despierta en la gente y en la prensa que hoy está pendiente de cada uno de sus movimientos.

Especie de princesa rusa, desde que su esposo se enamoró de ella para conquistarla y llevarla a la Rusia palaciega, al Moscú de los históricos zares, a la Europa de las culturas milenarias, esta Wanda vive muy lejos de aquella botija de 18 que un día le quitó el sueño a Maradona.

Haz recorrido un largo camino, Wandita. Porque hoy, hasta la pripia Susana Giménez te ofreció adelantar una semana su regreso a la televisión si le dabas la exclusividad de tu boda con el caballero Maxi López.

Hoy te diste el lujo de plantar la temporada de Planeta Show para la que te había contratado Jorge Guinzburg, siendo cabeza de compañía y te marchaste convertida en líder de recaudaciones en el último verano de Carlos Paz. Pero también te casaste por civil organizando el turbulento festejo en el Palacio Duhau, donde se reúne la más encumbrada aristocracia criolla, también contrajiste matrimonio en la Basílica Santa Elena, en el Barrio de Villa Urquiza, para luego realizar una distinguida fiesta en el Salón Versailles del Alvear Palace con toda la pompa.

¡Ay, Wandita! Quién te ha visto y quién te ve… En el medio de todo, ante tanto desborde y siempre buscando lo mejor, delegaste la seguridad de tus eventos a los repudiados custodios de la sinrazón. Los abanderados de la fuerza por sobre el diálogo, del arrebato por encima de la prevención y lo que debía ser tu fiesta inolvidable terminó en un verdadero escándalo.

Jamás imaginamos el poder de convocatoria que podía despertar la boda de Wanda y Maxi, acontecimiento para el que patovicas con trato bolichero terminaron agrediendo a la prensa, rompiendo cámaras y oscureciendo un día que tendría que haber sido inolvidable por lo feliz y no por los disgustos que generó.

Pensar que todo comenzó con aquella producción de Paparazzi en la que pícara y traviesa ironizaste que eras la única vedette virgen del mundo, para meses después generar lo que hoy despierta Wanda Nara en los medios. Y todo sin ser una gran actriz, ni una gran modelo, ni una gran bailarina, ni una gran vedette… Lo que demuestra plenamente la importancia de tu carisma. Wanda, pensalo. Hasta el Sábado... Show.

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