ADAM COHEN, THE NEW YORK TIMES
En noviembre de 2006, un equipo del programa de la cadena estadounidense NBC, y un equipo de la policía SWAT, fueron hasta la casa en Texas de Louis William Conradt Jr., un asistente de fiscal de distrito de 56 años. El equipo de To Catch a Predator ("Atrapar a un depredador") aseguraba haber capturado a Conradt haciendo avances con un señuelo que se hizo pasar por un adolescente de 13 años. Cuando la Policía y el equipo de televisión entraron en su casa, Conradt agarró un revólver y se mató.
"Eso va a ser buena televisión", le dijo presuntamente uno de los oficiales a un productor de la NBC. Cínico, es cierto, pero profético. Dateline emitió el episodio basado en tan sombrío suceso. La hermana de Conradt, Patricia, condenó "las temerarias acciones de un grupo autoconvocado actuando como juez, jurado y verdugo, alentado por un reality show descontrolado".
Patricia Conradt demandó a NBC por más de 100 millones de dólares. El mes pasado, un juez de la Corte del Distrito de Nueva York, Denny Chin, concluyó que hay motivos para avanzar en la demanda. La conclusión de Chin envía un mensaje importante en un momento en que la humillación televisiva está omnipresente y bucea en los niveles más profundos de depravación, siempre por punto más de rating.
To Catch a Predator está basado en una premisa fea. El programa engatusa a las personas para que se metan en actividades repugnantes. Entonces se unen a un equipo de policía para realizar un humillante y televisado arresto, mientras el acusado aún está bajo la presunción de inocencia.
Cada parte compromete sus standards profesionales. En lugar de dejar que los responsables sean los policías, Dateline se asocian a la fuerza, y es probable que alienten a los agentes a realizar acciones más invasivas y escandalosas que las que hubieran hecho. Cuando Conradt no se presentó al lugar del encuentro que habían pactado con su "cita" -lo típico en To Catch a Predator-, los productores presuntamente le pidieron a los policías, el "favor" de irrumpir en la casa. Patricia Conradt alegó que el programa alienta a los agentes a "darle una intensidad especial en los arrestos, para aumentar el efecto en la cámara".
La Policía hace su propio arreglo corrupto, cediendo agentes de la ley a productores de televisión. ¿Podría la policía haber detenido con vida a Conradt si el procedimiento no incluyese agentes SWAT, cámaras y productores de televisión? Chin asegura que un jurado podría plausiblemente concluir que fue el circo de la televisión, en el que la Policía actuó como coprotagonista, lo que derivó en el suicidio.
To Catch a Predator es parte de una creciente tendencia de programas de televisión que, calculadamente, apelan a los peores instintos del público. El tema en común es ser indulgente com el placer voyeurístico del público para ver la humillación ajena.
La televisión humillante ya hace un tiempo que está en la vuelta. The Weakest Link ("El eslabón más débil", un formato parecido al "Imbatible" de Susana Giménez) actualizó el clásico programa de preguntas y respuestas poniendo un conductor que insultaba y ponía el foco en que los participantes decidieron cuál era el menos valioso. The Apprentice ("El aprendiz") se trataba de un jóvenes intentando iniciar una carrera en los negocios, pero todo estaba construido alrededor de un sólo momento: cuando Donald Trump le ladraba a alguien la muletilla "¡Estás despedido!".
Pero para mantener el interés de los espectadores, los niveles de vergüenza han crecido. Un nuevo programa de Fox, Moment of Truth ("El momento de la verdad") entrega premios en efectivo para aquellos que respondan la verdad (gracias a un detector de mentiras) a preguntas bastante íntimas. Ejemplo: "Desde que se casó, ¿ha tenido relaciones con alguien que no sea su marido?". Las preguntas de recientes episodios parecían diseñadas para romper los matrimonios de los participantes.
Está la Primera Enmienda, claro, cuando se consideran demandas contra programas de televisión. Pero cuando los medios actúan más como policías que como periodistas y presionan a la Policía a violar los derechos individuales, el argumento de la libertad de expresión empiezan a derrumbarse.
Podrá ser despreciable, pero Moment of Truth entra en la venerable categoría amparada por la Primera Enmienda. Los productores de To Catch a Predator, sin embargo, parecen al borde (si ya no lo pasaron) de ser policías con cámaras. Si uno se mete en el negocio de irrumpir en los hogares de la gente y humillarla hasta el suicidio, hay que tener un buen equipo de abogados a disposición.