En la cuerda floja

| Su manejo de la guerra en Líbano está puesto en duda, su popularidad es de 3%, sin embargo, el primer ministro israelí, Ehud Olmert, ha conocido de momentos difíciles en su larga carrera.

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Irónico, displicente y astuto, Ehud Olmert se convirtió en 1973 en el diputado más joven de la Kneset y fue alcalde de Jerusalén entre 1993 y 2003. Olmert desarrolló toda su carrera política entre los "halcones" del Likud hasta su ruptura y la de su mentor, Ariel Sharon, con el partido derechista en 2005. Contrario a los acuerdos de paz de Camp David con Egipto de 1978 y al proceso de paz abierto en Oslo en 1993 con los palestinos, inició su viraje al centro en 2003 cuando defendió que su país debía retirarse de Gaza y Cisjordania en aras de preservar a Israel como un Estado democrático y judío. Tras la ruptura, Olmert se convirtió en líder del nuevo partido, Kadima, al ingresar Sharon en un hospital en enero del año pasado víctima de un ataque cerebral, y en abril de 2006 lo condujo a la victoria en las elecciones. Pero la alegría no iba a durar mucho y la guerra contra la milicia libanesa chiita de Hezbollah parece marcar el comienzo del fin de su carrera política. La Comisión Winograd, que examina la gestión del conflicto por el gobierno, calificó su actuación de "falta de juicio, responsabilidad y prudencia". Pocos líderes del mundo sobreviven en condiciones políticas tan adversas. Con un índice de popularidad de 3% y con él mismo y algunos ministros salpicados por diversos escándalos sexuales o casos de corrupción, Olmert gobierna una democracia próspera en las siempre violentas y movedizas arenas de Medio Oriente.

-Se cumplió un año de la guerra de Líbano. ¿Qué conclusiones ha sacado?

-Primero, la situación sobre el terreno es completamente diferente a la de julio de 2006. Entonces, Hezbollah controlaba la frontera, disponía de posiciones que amenazaban a los israelíes que vivían a lo largo de la frontera. Eran libres de ir a todas partes en el sur de Líbano y eran un poder militar agresivo y violento. Ahora ya no está Hezbollah en la frontera, no hay amenaza directa a los israelíes que viven allí, está el Ejército libanés y además hay casi 12.000 soldados de la ONU. Hezbollah perdió casi por completo tanto su libertad de movimientos como su libertad de acción en el sur de Líbano. También ha perdido las ganas de tener otro enfrentamiento con Israel. Y por último, para estar seguro el jefe de Hezbollah, Hasan Nasrallah, sigue escondido junto con su alto mando. No viven ya como gente libre. Viven bajo un miedo constante. Éste es el cambio básico…

-Parece ser que las elites israelíes no quieren más guerras. Que están cansados de nacionalismo y quieren llevar una vida normal.

- Yo no creo que haya contradicción entre el deseo de muchos israelíes de vivir una vida normal, de prosperar, de convertir Israel en una de las sociedades más avanzadas, y la necesidad de defendernos de nuestros enemigos. No creo que haya nadie que considere que Hezbollah y Hamás son caballeros agradables, moderados, y amantes de la paz. Por tanto, yo no pienso que haya contradicción entre nacionalismo y el deseo de normalidad. No creo que luchar contra Hezbollah sea nacionalismo; combatir a Hezbollah y Hamás es la más natural expresión del básico deseo de los humanos de defender el derecho a vivir.

-¿Acepta la idea de un poder nuclear civil iraní?

-En teoría, se pude hablar y distinguir entre la capacidad nuclear civil y otra militar. Pero el discurso iraní sobre la posesión de armas nucleares revela explícitamente el mismo entusiasmo que cuando hablan de liquidar Israel. La experiencia del pueblo judío es que cuando alguien nos amenaza con liquidarnos, como mínimo debemos tomarlo en serio.

-¿Podría una acción militar israelí acabar con las instalaciones nucleares de Irán?

-Hay otras medidas que pueden ser muy efectivas. Los iraníes están teniendo problemas con el racionamiento de gasolina, uno de los más grandes productores de petróleo del mundo carece de refinerías y debido a las sanciones económicas tiene que racionar la gasolina. Las sanciones económicas son cada vez más efectivas también en otras áreas: las compañías iraníes se van quedando aisladas en el mundo y eso no es algo que guste a los iraníes. Vamos a probar, de acuerdo con las resoluciones de las Naciones Unidas y la poderosa determinación de países como Estados Unidos y los europeos y sorprendentemente también de Rusia y China, el poder de aislamiento de las medidas económicas, para enviar la señal a los iraníes de que no va a ser un picnic enfrentarse al mundo entero y que por resistir a la oposición mundial a las armas nucleares va a tener que pagar un precio. La cuestión es qué precio. El presidente Bush dice que él no descarta la opción militar.

-¿Cree posible la reconciliación entre Hamás y Fatah y la vuelta a un Gobierno de unidad palestino?

-Personalmente no creo en la reconciliación de Hamás con Mahmoud Abbas. Hamás es una fuerza destructiva, extremista, una organización militar fundamentalista cuyo objetivo es continuar el enfrentamiento violento con Israel. El propio Mahmoud Abbas ha sido testigo de cómo se preparaban para matar palestinos con un grado de brutalidad que no había visto en mi vida. Un compromiso con Hezbollah y Hamás es un compromiso con el terrorismo. La unidad con el terrorismo es lo contrario a traer la paz a Medio Oriente. La frase que Mahmoud Abbas me ha dicho de manera más explícita, más clara ha sido: Nunca haré la paz con ellos, siempre les combatiré. Espero que mantenga este compromiso.

-Son muchos los que piensan que el conflicto entre Israel y los palestinos está en el origen de todos los males de Medio Oriente.

-El problema fundamental en Medio Oriente, que se proyecta más allá de esta región, es el extremismo islámico, violento y fundamentalista, el terrorismo. Eso es lo que enciende la violencia en Afganistán, en Pakistán, Irak, está en la naturaleza de la revolución iraní. Es verdad que en todo este océano de naciones islámicas, la única que no es islámica es Israel. Por eso es el objetivo natural de ese movimiento violento. Israel no es el policía, es la víctima.

-¿Echa de menos a Ariel Sharon?

-Mucho.

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