Cuál de las opciones creer

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JULIO PREVE FOLLE

Se complica mucho el análisis de lo que ha pretendido el gobierno para el sector agropecuario y agroindustrial, ya que sus idas y venidas han puesto de manifiesto una fuerte tensión entre dos orientaciones de política económica sectorial, cuya expresión más notoria ha sido ayer y hoy, el relacionamiento entre la cartera de Ganadería confiada al MPP, con la de Industria entregada al socialismo, y con la de Economía confiada al socialismo "fashion", para distinguirlo del anterior. No han sido meras diferencias de apariencia, como las que puede haber en la forma de vestir o de expresarse de sus máximos exponentes, y de los mínimos, que en general imitan a los máximos. Va mucho más allá de apariencias y lenguaje.

IGNORANCIA UNIVERSAL. Hay un denominador común si se quiere que es la homogénea falta de comprensión acerca del funcionamiento del sector agropecuario. El Ministerio de Industria por ejemplo, insiste con su análisis de las exportaciones del país en base a su contenido tecnológico, diferenciando así a las de origen agropecuario de las de otros orígenes, prefiriendo éstas por su supuesto mayor contenido. Está absolutamente mal. Se trata -otra vez- de poner nombretes nuevos a categorías viejas, tan viejas como aquello de tradicionales y no tradicionales, imaginando algo mejor para el país en estas últimas. Pero -insisto- está absolutamente mal. El contenido tecnológico de un grano de soja recoge la investigación en ingeniería genética, en laboreo de suelos con referencias satelitales, en uso de maquinarias con cerebro electrónico manejables por control remoto y piloto automático, en química de suelos, en ingeniería financiera con coberturas de diversa naturaleza, en logística, marketing, etc. Es mucho mayor pues el contenido tecnológico de un grano de soja que el de un auto armado apretando tornillos, o el del fraccionamiento del contenido de tarros grandes en tarritos, aprovechando regalos fiscales. Y hay muchos ejemplos más en el mundo agroindustrial.

La misma ignorancia evidenció el MGAP cuando no veía la sequía, o cuando reparte alimentos: desconoce el sector por dentro, no entiende cómo se forman los precios de la carne o los granos, encierra definitivamente a la granja acentuando así sus problemas de toda la vida, cree que la lechería se atiende suspendiendo lanzamientos, etc.

Pero dejando de lado sus puntos en común -la falta de conocimientos- analicemos cuál de las visiones encontradas entre todos aquellos grupos podría prevalecer a futuro para tomar precauciones. Veamos algunos ejemplos.

NO PERO SÍ. Las sociedades anónimas fueron prohibidas a instancias del MGAP, pero luego se las autoriza caso a caso a instancias del MEF; un ministerio sí, el otro no. Los extranjeros son bienvenidos por la conducción económica, el Ministerio de Economía promueve leyes de inversión, se incrementan los beneficios; el otro ministerio en cambio, propone limitar su inversión en tierras, y el programa de toda la fuerza política habla de controlar las inversiones extranjeras en las agroindustrias. ¿Cuál opinión prevalecerá? En la granja pasa algo parecido: el MEF propuso limitar los abusos jurídicos liderados por el MGAP en las importaciones de frutas y verduras, y este último se dedicó a administrar las trabas sanitarias conforme a no se sabe qué criterio. Aunque las visiones eran divergentes ninguna recordó que en ambos casos el derecho se ha ausentado.

No sabemos asimismo qué pasará con el adelanto técnico. El MGAP quería volver a viejas tecnologías con caballos y, más cerca en el tiempo, propuso poner un palo en la rueda al proceso de crecimiento de lo que llamó la agricultura sin agricultores, entendiendo por tal la realizada por grandes capitales en todo el país, aplicadores de toda una tecnología moderna totalmente importada. A todo este freno de la ideología a la ciencia se suma la famosa veda a los transgénicos, parcialmente reabierta aunque de un modo tan complejo que da para sospechar. Por otra parte el MEF promueve la innovación y crea una agencia para gestionarla. Cómo entenderlo. Pasan cosa parecidas con la apertura de la economía: en una visión se trata de algo laudado y necesario; la otra sueña con polos de desarrollo del tipo de Bella Unión, con regular la importación de productos no fabricados en el país y, -si no fuera triste daría para reírse horas- la refundación del Frigorífico Nacional, que nos lleva de un plumazo a 1928.

POLOS OPUESTOS. Desconocemos por otra parte si la idea es más y mejor Mercosur, o si el objetivo es un TLC con Estados Unidos como lo promovía el MEF. Aunque en este caso hay que reconocer que la anterior administración del MEF cambió de parecer y hoy está también en contra de algo que simplemente no existe, porque era un tren que pasaba, pasó, y ahora está lejos. Tampoco nos queda claro qué opinan sobre el gasto mal llamado social. Todos sabemos lo que el mismo se ha incrementado, con bases en una supuesta insuficiencia del mismo. Sabemos asimismo que la pobreza y la distribución del ingreso están todavía más atrás que en los noventa, como lo demuestran recientes estudios oficiales. Si esto es así hay que preguntarse si la idea es gastar más, menos, o mejor; y nadie lo sabe. Un grupo dice que más; el otro que hay que cuidar las cuentas…

Y en la lechería, que el gobierno creyó estimular a base de crear personas públicas que no pueden hacer nada, ni hoy ni ayer; ¿qué prevalecerá?: un cuidado de los lecheros mediante congelar los lanzamientos o regalar ración, o un cuidado mayor de los equilibrios de este sector facilitándole acuerdos con otros rubros para enfocar los momentos de crisis.

Con referencia al derecho de propiedad, qué pasará. Se extenderá esa facilitación a las ocupaciones hasta ahora semi controlada, se seguirá teniendo que pedir permisos para trabajar el suelo a quienes nadie les delegó ese cuidado, o se respetará un derecho que no es solo de los que tienen hoy, sino también de los que luchan por tener mañana.

Y finalmente. La orientación llamémosle fashion ha creído en el sistema de precios, pero la otra ha creído que a base de presiones se puede intervenir sin consecuencias. Hay ciertamente una tensión entre quienes creen en este sistema, y los que imaginan que pueden ordenarle al mercado lo que desean sin costos. En este tema crucial creo que la barbada estuvo al borde de romperse varias veces, y se soltaría totalmente a poco que volvieran a aumentar los precios internacionales, cuyo nivel en el MGAP se animan a valorar en términos de su mayor o menor pertinencia.

DECISIÓN DIFÍCIL. En mi opinión el Presidente de la República ha oficiado como balance entre estas dos tensiones, que el agro deberá mirar muy bien cómo se resuelven, ya que el Dr. Vázquez no estará más. Y es posible que, de prevalecer la tendencia afín al MGAP, el sector agropecuario y el agroindustrial vean amenazado todo el agronegocio, o sometido a controles por parte de quienes además, no tienen ninguna competencia para hacerlo. Como no la han exhibido tampoco para actuar positivamente sobre la pobreza, rural o urbana, que está aun muy por encima que durante los noventa, en particular la primera mitad. De manera que lo que está en juego es muy serio; no se trata de compatibilizar de repente en una misma fórmula dos posiciones ligeramente divergentes o matizadas. La realidad indica que se trata de una dura opción entre modelos económicos y de sociedad que suponen para el campo cosas bien diferentes. Y que, por supuesto, van mucho más allá del agro.

Por suerte, el país dispone de otras opciones.

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