MARTÍN FABLET
Por estas fechas, muchas personas suelen experimentar lo que se conoce como "blues de Navidad" o depresión navideña. Es el típico bajón en el estado de ánimo acompañado de cierta nostalgia. Si bien es un fenómeno que genera comportamientos abúlicos y pacíficos, en algunos casos el depresivo navideño puede volverse muy violento. Es el caso del "Grinch uruguayo", un personaje que detesta todo lo relacionado con la Navidad y Año Nuevo.
A veces es automovilista y gusta de practicar un manejo agresivo. No sólo por las maniobras sino también por los insultos. Las peores injurias se escuchan en vísperas de Navidad. Al parecer el "Grinch uruguayo" se deprime al tener que trabajar en estos días y por ello quiere chocar e insultar. Otras veces se convierte en comprador compulsivo del tipo agresivo. Realiza las compras navideñas de muy mala gana y con mucha saña. Se pelea con los vendedores y con otros clientes, que a lo mejor son también "Grinches".
Allí los enfrentamientos pueden volverse sangrientos. Nada más violento y patético que presenciar una riña de este tipo. Probablemente detrás de toda esa violencia, compras y regalos, el "Grinch" oculte tristezas y melancolías. El comprar disminuye la tristeza, ya que libera adrenalina y serotonina, sustancias que mejoran el estado de ánimo.
A medida que se acercan las celebraciones de Navidad y Año Nuevo, estos deplorables sujetos consultan más que nunca a sus analistas. Estos con buen tino les sugieren abandonar aquellos patrones de conducta que contribuyan a su depresión o que son consecuencia de su depresión.
Los "Grinches" son propensos a las regresiones a la infancia, a la luz de los chirimbolos del arbolito, a los regalos, a la gorda figura de Papá Noel, a aquel tío mano larga. En su gran mayoría, quieren volver a ser niños y experimentar sensaciones de alegría y magia, que se matizan, como adultos, con un poco de soledad, provocando mucha nostalgia. Otros recuerdan las navidades con sus hijos cuando eran niños (pequeños "grinchesitos", los peores), o con seres queridos que no están mas, o simplemente épocas pasadas donde han sido más felices.
Hay "Grinches" que les da por tomar y comer como bestias. Buscan llenar espacios vacíos. Estas versiones terminan en las emergencias de los sanatorios sufriendo toda clase de indigestiones. Sin dudas, su mayor placer es amargar a aquellos que disfrutan de las fiestas.
Es tan triste su comportamiento que prefieren no relacionarse ni aceptar invitaciones cuando no están de ánimo. Pero se enfurecen si no son invitados. El gozo reside en despreciar la invitación. El "Grinch" uruguayo es solitario por naturaleza.
Les da mucho fastidio el contraste dado por la felicidad de algunos y la tristeza de otros. Es esa obligación de tener que estar feliz.
Para todos nosotros, los melancólicos y nostálgicos, la sugerencia es no alarmarse. Recuerden que la felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace. De todas maneras, si esto no funciona, las fiestas pasan bien rápido y con ellas los "Grinches" de turno.
Muy Feliz Navidad para todos.