CATERINA NOTARGIOVANNI
La madre de Boghos Adjemian sabía que no había tiempo que perder. De no salir rápidamente de Damasco (actual capital de Siria), su vida y la de sus tres hijos corría peligro. Sin mediar palabra los tomó del brazo y los subió a una carreta tirada por búfalos. Iban hacia el puerto, donde se embarcarían en un buque francés que los transportaría a Marsella junto a cientos de refugiados armenios que huían de la persecución turca. "Íbamos con lo puesto porque si pasábamos por casa terminábamos degollados", cuenta Boghos, que en diciembre cumple 86 años.
Corría 1927. Por entonces el padre de familia se había refugiado en Uruguay escapando del servicio militar obligatorio que imponía el Imperio Otomano. Para Boghos (Pablo en español), de cinco años, ese día representó el fin de la inocencia. "Tomé conciencia a partir del instante en que subimos a la carreta. Me acuerdo de escenas dantescas que veía a lo lejos, sabía que los turcos incendiaban barrios enteros y colgaban a las personas, pero como todo niño, me entraba por acá y me salía por allá. Ese día empecé a ver lo que pasaba".
Los Adjemian integran la lista de los 6.000 armenios que se refugiaron en Uruguay; 4.500 de los cuales arribaron entre 1921 y 1931. Todos huían de la persecución del Imperio Otomano (hoy Turquía), que cegó la vida de más de 1.500.000 armenios y expulsó al exilio a otros cientos de miles en lo que se considera el primer genocidio sistemático moderno. La cifra de muertos nunca fue admitida por Turquía (ver recuadro).
Se calcula que hoy son 16.000 los integrantes de esa comunidad en Uruguay, contando a inmigrantes, hijos, nietos y bisnietos. En el mundo hay diez millones, de los cuáles sólo tres viven en la República Armenia, declarada estado independiente en 1991, después de la caída de la Unión Soviética.
ODISEA. Los nombres de los sobrevivientes refugiados en Francia recorrieron el mundo y llegaron a Uruguay en 1927. Así Adjemian supo de la suerte de los suyos. Pidió ayuda a sus "paisanos" y logró juntar el dinero para traerse a su familia. La travesía duró un mes.
Cuando tocaron el primer puerto de "la América" el servicio de sanidad revisó uno a uno a los pasajeros. "Los que estaban sanos podían desembarcar, el resto no. Felizmente nos iban a permitir", relata Boghos.
Sin embargo, debido a la súbita muerte del médico a bordo, las autoridades cambiaron de parecer y declararon a todo el buque en cuarentena. Nadie podía bajar y todos serían devueltos a Marsella. El barco siguió el itinerario y atracó en Montevideo.
El padre, enterado de que su familia no podía descender, rentó una lancha y se arrimó. "Fue muy triste y emotivo. Mi querido padre abajo y nosotros arriba llorando y gritando `papá, papá`. Armamos tal alboroto que nos dejaron bajar a mi hermana y a mí. Nos abrazamos y lloramos. Mi madre miraba de arriba y lloraba", relata el armenio.
El padre les dejó tomates, pepinos, queso y jabón Bao. Les dio un abrazo y regresó. Al día siguiente el barco partió de vuelta a Marsella. "El quedó acá y nosotros íbamos de vuelta al infierno", dice Boghos tomándose la cabeza con las manos. "Algunas personas desesperadas se tiraban e intentaban nadar hasta la orilla".
Adjemian logró reunir el dinero para un segundo viaje. Esta vez la familia descendió en Uruguay. "Ay qué delicia tener una casa y tranquilidad", dice Boghos al evocar el momento en que entró a su nuevo hogar en el Barrio Reus. En Damasco quedaron primos y tíos que no lograron escapar, confiesa, con la voz quebrada.
En ese largo camino, Boghos vio cómo su madre tuvo que pagar una libra esterlina de oro a un soldado turco a cambio de un vaso de agua: "Si no, mi hermana hubiera muerto", acota. También supo que su madre revolvía el estiércol de los caballos del ejercito turco. "Si encontraba un grano de maíz, se hervía y se comía".
Buena parte del horror quedó archivado en la memoria de aquel niño de cinco años. Fue testigo de cosas que no comprendió hasta tiempo después: "Aprendí lo que era un tobogán en Montevideo, pero me acuerdo que en un artefacto así se tiraba a los muertos al mar en el barco", dice.
ACOGIDA. "Nos recibieron de igual a igual -reconoce Boghos-. Nunca salí de Uruguay. Que me entierren acá y chau. Encontramos paz, tranquilidad y progreso".
Los primeros meses no fueron fáciles debido al desconocimiento del español. "Iba al almacén y como no sabía cómo se decía huevos me agachaba y hacia cua-cua".
Su madre murió a los 94 sin hablar palabra de español. Boghos se casó con una uruguaya, es padre de tres hijos, joyero y relojero. A los turcos no los perdona: "Tampoco ellos admiten el genocidio. Es como en este momento estar negando dónde están los desaparecidos. Vamos a dejarnos de joder. Si vos sabés dónde están, decílo de una vez. Admití tu culpabilidad, pedí tu perdón y yo te lo concedo", finaliza.
Pinceladas históricas
A finales del siglo XIX 2 millones de armenios habitaban en el territorio de la actual Turquía.
En la misma época comenzaron a difundirse entre los armenios movimientos nacionalistas que, apoyados por la diáspora, comenzaron a reclamar por sus derechos.
En 1915 las tropas otonamanas lucharon contra los rusos al Este de la actual Turquía. Muchos armenios participaron ayudando a los soviéticos, que apoyaban su causa.
Entonces comenzó el período más violento de expulsiones y matanzas. Los armenios eran colgados en lugares públicos. Muchos otros morían de hambre y cansancio en las marchas hacia la vecina Siria y Mesopotamia (hoy Irak).
Turquía afirma que no fue genocidio, que nunca se dio la orden de asesinar en masa y que los fallecidos no llegan a 500.000. Hoy son 21 las Naciones que reconocen el genocidio (Uruguay fue el primero). Días atrás, el Comité de Asuntos Exteriores de Cámara Baja de EE.UU. aprobó un texto que lo califica de "genocidio", hecho que despertó la ira de sus aliados turcos.
Persecución se extendió por 27 años
La mayoría del millón y medio de armenios asesinados murió entre los años 1914 y 1915. Sin embargo, desde la colectividad se afirma que la sistemática persecución otomana comenzó en 1894 y se extendió hasta 1921. Testimonios como el de Boghos indican que el terror continuó después de ese año.
El Día del Genocidio se celebra los 24 de abril porque fue esa jornada del año 1915 cuando el gobierno otomano arrestó a 600 intelectuales y políticos.
Actualmente, Armenia recibe el apoyo económico de la diáspora a través de la Unión General Armenia de Beneficencia, fundada en Nueva York hace 101 años.
Los programas de apoyo incluyen frigoríficos, comedores y hasta el salario completo de la Filarmónica de Armenia. "Ahora desde Uruguay no se aporta nada", dice Gustavo Zulamian, dirigente de la filial local de la Unión.