Lejos quedó la leyenda

JUAN MARTÍN POSADAS

El oficio de analista o comentarista político se ha tornado difícil: cuando uno comienza a redondear un texto le cae encima otro desaguisado del elenco gobernante que devora lo anterior. Pluna, las medidas para restablecer la seguridad y el Paraguay, como tres disparos de un arma de repetición y solamente en el lapso de siete días.

En el caso de Pluna el desastre ya se consumó. La puesta en escena de las medidas para mejorar la seguridad ciudadana hecha jirones no tiene otro alcance inmediato que el efecto político de su anuncio (el cual se vio definitivamente desdibujado al derivar hacia la previsible chacota el uso de la marihuana como elemento eficaz en la lucha contra la delincuencia).

Queda lo de Paraguay, que es lo que mayor tristeza y decepción provoca. Sorprende y alarma el poco tiempo que se dieron para reflexionar los gobiernos que anatematizaron al Paraguay. No sorprende la reacción de quienes se consideran hombres providenciales, custodios personales del verdadero destino de sus pueblos (y del continente). Ecuador, Bolivia, Venezuela y Argentina son, en realidad, Correa, Morales, Chávez y Cristina. A nadie tienen que consultar y ellos saben bien qué hacer.

Corriendo de atrás y haciendo méritos, nuestro canciller sumó al Uruguay en esa condena. No sé si decir: pobre Paraguay, o pobres nosotros. ¡Qué lejos hemos venido a dar del comportamiento internacional que nos hizo respetables y respetados en el mundo!

La determinación que tomaron los paraguayos de desencadenar el juicio político y la posterior remoción de su Presidente no fue una buena decisión, entre otras cosas porque fue precipitada y prematura. Pero ese no es el punto; esa decisión precipitada es la decisión de los paraguayos, tomada a través de los órganos legítimos y los procedimientos previstos en su Constitución. La decisión fue poco sensata y muy atropellada, no porque haya tomado unas pocas horas o días (un juicio político no tiene un tiempo mínimo estipulado sino uno número suficiente de votos: si están los dos tercios se acabó la discusión) sino porque dentro de pocos meses están previstas elecciones y en ellas se alcanzaría el objetivo suavemente. Pero ese es asunto de los paraguayos exclusivamente.

Me reconforta -dentro de la desazón que produce el comportamiento de nuestro gobierno- la postura que tomó el Partido Nacional, reafirmando su tradicional firmeza en la defensa del principio de no intervención y demostrando, una vez más, su respeto y afecto por el pueblo del Paraguay.

En este momento me ha venido a la mente el recuerdo de una vieja fotografía en blanco y negro que una vez vi en la pinacoteca partidaria. Cuatro hombres de pie miran a la cámara, bajo una luz cegadora, en un paisaje polvoriento y reseco. Tres de ellos van con casco de corcho y llevan atuendo militar de campaña. El cuarto, más alto que los otros, está vestido de la forma más inconveniente imaginable para ese lugar: traje oscuro, saco cruzado y corbata. Este personaje, tan incongruente con el paisaje (pero que mostraba allí la congruencia consigo mismo), era el Dr. Luis Alberto de Herrera, fotografiado al llegar al frente de batalla para sumarse como voluntario en la Guerra del Chaco del lado de Paraguay. De esta clase de locuras está hecho lo mejor de nuestro Partido.

Ni en Brasil ni en Argentina existe, a nivel popular, vergüenza ni remordimiento respecto al Paraguay. Acá la relación es distinta; hay fuertes contrapesos a Venancio Flores: Paysandú no se entregó y a Leandro Gómez nadie lo baja de su austera gloria. Pero esto ni lo entienden ni lo sienten Almagro o Mujica.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar