CLAUDIO FANTINI
El contenido de la cumbre fue eclipsado por el accidente que sufrió Barack Obama en su diálogo "privado" con Dmitri Medvedev. No advirtió el jefe de la Casa Blanca que su micrófono y el del presidente ruso estaban encendidos, por lo tanto quedaba a la intemperie ese intercambio de palabras que suponían confidencial.
Ahora bien, que la brevísima conversación haya tenido más trascendencia que la declaración de la Cumbre sobre Seguridad Nuclear, se debe, por un lado, al poco peso de lo acordado entre los 53 líderes que acudieron a Seúl, y por otro, a que lo que Obama dijo a Medvedev era doblemente importante.
Al prometerle que tras la elección presidencial de noviembre será "más flexible" respecto al escudo antimisiles que tanto preocupa al Kremlin, el presidente norteamericano insinúa una reformulación estratégica que implica la corrección de un error de la administración Bush. El último gobierno republicano, actuando como si aún existiera la Unión Soviética y la Guerra Fría, impulsó el despliegue de un escudo antimisiles con base en Polonia y la República Checa, que Rusia considera un cerco geopolítico en su contra. Y es lógico que lo perciba de ese modo. La realidad evidencia que Rusia no es una continuidad soviética en tanto amenaza contra las potencias occidentales, sino, por el contrario, un posible aliado estratégico ante regímenes impredecibles como el norcoreano y el iraní.
China es la potencia protectora de Corea del Norte, porque no quiere en su frontera a un aliado de Washington que, como Corea del Sur, tiene bases norteamericanas importantes en su territorio.
El actual tablero internacional no justifica el escudo basado en territorios polaco y checo. Al contrario, lo muestra contraproducente.
Está mal que Obama, como todos los presidentes en campaña electoral, posponga y oculte decisiones que podrían restarle votos, pero no está mal que, como le dijo a Medvedev, después de la elección sea "más flexible" en ese tema.
De la misma breve conversación se desprende, además, un mensaje inquietante para Irán: Si después de las urnas, Obama será "más flexible" con Rusia, cabe suponer que por las mismas razones electoralistas lo que el presidente le oculta a sus votantes es que, con Irán, va a ser más inflexible que hasta el momento.
No habrá una guerra antes de la elección de noviembre, porque es difícil predecir su consecuencia electoral. Pero si también en ese punto hay una decisión pospuesta para después de los comicios, seguramente es la alternativa militar si el régimen de los ayatolas persiste en encubrir el verdadero alcance de su proyecto nuclear.