CLAUDIO FANTINI
Al escribir el guión de "Das leben der anderen" (La vida de los otros), lo que Henckel von Donnersmarck pretendía era mostrar a través del accionar de la STASI (policía política de la RDA) uno de los rasgos esenciales del totalitarismo: el Estado infiltra la intimidad de las personas a través de sus servicios de espionaje.
La misma esencia totalitaria señala Orwell en la novela "1984". Aparenta ser una ficción distópica, sin embargo el "gran hermano" de cuya mirada nadie puede ocultarse, constituye una descripción orwelliana de la realidad que impera en las sociedades donde el poder político espía al ciudadano.
La gravedad del escándalo que sacude a la Argentina por el espionaje a dirigentes sociales y grupos de izquierda, está en que parece desnudar un vicio totalitario del liderazgo kirchnerista.
Pero, por cierto, muchos gobiernos argentinos utilizaron los servicios de inteligencia indebidamente. La gestión de Néstor Kirchner dio reiteradas muestras de que la SIDE (Secretaría de Inteligencia del Estado) intervenía teléfonos de empresarios, opositores, periodistas y también funcionarios del propio gobierno, por pedido de la Presidencia de la Nación.
Las escuchas ilegales afectaron incluso al vicepresidente de Kirchner, Daniel Scioli. El hecho quedó a la vista cuando la entonces senadora Cristina Fernández lo reprendió públicamente por ciertos diálogos telefónicos que había mantenido. También fue ilegalmente escuchado el exjefe de Gabinete, Alberto Fernández, avasallamiento que él mismo denunció.
Hasta ahí, la práctica parecía responder a una obsesión paranoide como la de Richard Nixon. Pero igual que en el caso Watergate, el escándalo por la develación del Proyecto X (espionaje de Gendarmería a grupos de izquierda opositora), señala un vicio totalitario como el que caracterizó el manejo de Edgar Hoover en el FBI y del senador Joseph McCarthy en el Comité de Actividades Antiamericanas.
Estados Unidos no llegó a padecer el totalitarismo, como ocurrió en la Alemania nazi y los países comunistas. Tampoco Argentina está bajo el signo del totalitarismo. Pero tanto los antecedentes señalados como el control total que el gobierno ejerce sobre la Gendarmería, dificultan creer que el aparato de espionaje político existió a espaldas del liderazgo.
Fortalece la sospecha el hecho de que, igual que el régimen denunciado por la película de Donnersmarck y que la dictadura chilena de Augusto Pinochet con las infiltraciones de la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional), el gobierno de Cristina Kirchner no ha dado ninguna explicación al respecto. El silencio que caracteriza al poder que se siente exento de tener que rendir cuentas.