Poco todavía

PABLO DA SILVEIRA

La sustitución de dos de los tres integrantes del Consejo de Secundaria ha sido una buena noticia. Esto es así al menos por tres razones.

En primer lugar, los consejeros salientes no estaban haciendo una buena gestión. Que la expresidenta Ubilla haya dicho, que su principal logro fue la instalación de consejos de participación en los liceos, muestra hasta qué punto estaba equivocando las prioridades.

En segundo lugar, la sustitución es un mensaje para los miembros de los demás consejos y para el futuro: el gobierno no está dispuesto a que se desconozca la relación jerárquica que existe entre el Codicen y los consejos desconcentrados. La reacción ha sido lenta y demasiado conversada, pero el mensaje transmitido es el correcto.

En tercer lugar, el nuevo presidente de Secundaria cuenta con el apoyo de diversos actores. Si este amplio crédito es bien usado, puede ser una oportunidad para hacer cosas.

Pero no todas son razones para festejar. También hay aspectos preocupantes que deben ser tenidos en cuenta.

Este episodio ha vuelto a mostrar, en primer lugar, los efectos nefastos de la Ley de Educación aprobada durante la administración Vázquez. Dos consejeros de Secundaria han sido removidos, pero el tercero seguirá en su puesto. Se trata de un consejero que ha sido electo exclusivamente por los trabajadores, que se ha negado a ir al Parlamento y que ha declarado públicamente que sólo rinde cuentas ante el poder sindical. Un par de sindicatos pueden más que los representantes de la ciudadanía. Corporativismo en estado puro.

En segundo lugar (y esto no necesariamente es malo) el episodio ha vuelto a mostrar las limitaciones y contradicciones del extraño concepto de autonomía que se acepta en este país. Los dos consejeros salientes no fueron removidos por ninguno de los procedimientos institucionales previstos, es decir, no fueron destituidos por el Codicen ni por el Senado de la República. Se fueron porque son militantes del MPP y el Presidente Mujica les pidió los cargos. En otras palabras, su renuncia fue básicamente un acto de disciplina partidaria. Mientras seguimos alimentando la ficción de una autonomía que no existe en ningún lado, continuamos aplicando una cruda lógica política que opera a espaldas de la ciudadanía.

Por último, pero esto es lo más importante, todavía no hemos avanzado casi nada. Que el Consejo haya sido renovado es una buena noticia, pero se trata apenas de la corrección de malas designaciones cuyos efectos castigaron durante casi dos años a los estudiantes de Secundaria. Que se haya creado un clima más favorable al programa ProMejora también es positivo, pero no debe olvidarse que el ProMejora es un modesto programa piloto que involucra a una ínfima proporción de los centros.

La situación actual es un poco mejor que la de finales de año y el Consejo parcialmente renovado merece un crédito. Pero sigue estando todo por hacer. Si en las próximas semanas no hay un fuerte avance en la cuestión edilicia, si durante este año no se crea un 25% de profesores cargo, si no se modifican los procedimientos de designación de directores, si no se dan pasos concretos hacia la autonomía de los centros de estudio tal como aparece definida en el documento firmado por los cuatro partidos con representación parlamentaria, entonces nada de lo que ocurrió en estos días tendrá mayor significado.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar