Cultura progresiva

IGNACIO DE POSADAS

No hace mucho, en una entrevista de El País, una experta en materia educativa y senadora suplente del Partido Comunista, afirmaba que el mayor problema de nuestro país en dicha materia radicaba en la existencia de instituciones privadas: una verdadera contradicción in re, un aborto de la naturaleza, porque lucraban con la enseñanza.

Más allá del impacto que produce una descomunal combinación de ceguera y mala fe ante el descalabro de nuestra enseñanza pública, hay allí una patología cultural grave, cuya autopsia vale la pena hacer por el impacto tan nocivo que esa cultura tiene sobre la vida de nuestro país.

La demonización de la plata, del lucro, pero no en una opción ascética, onda San Francisco de Assis, sino en clave de odio, de resentimiento y dentro de una visión hemiplégica. Está bien que los sindicatos, incluso los vinculados a la enseñanza, reclamen más y más plata, pero está mal que cualquier otro ser humano reciba dinero por enseñar. Eso sí, cuando las cosas no funcionan, como ocurre con la enseñanza pública, la defensa viene por la vía de reclamar más rubros.

Lo anterior quedó pálido, sin embargo, comparado con otras afirmaciones (El País 1/2/12) esta vez referidas a otro ícono: la salud, a raíz del tan sonado caso del robot "Davinci", que el Hospital Británico tuvo la osadía de comprar sin permiso.

¿Recuerdan?

Es un aparato o equipo para operar. Como los que hay para fabricar autos o electrodomésticos, o hacer decenas de otras cosas. Lo que se llama el "mundo desarrollado", los conoce desde hace décadas. Pues, en nuestro país ese tipo de progreso en materia de salud está prohibido, salvo autorización expresa del Ministerio de Salud Pública.

A decir verdad, en materia de salud está casi todo prohibido. No se puede levantar una pared (o tirarla), modificar planes, cambiar precios, ni tampoco traer equipamientos, sin autorizaciones previas (generalmente discrecionales). Como tampoco hay libertad para fijar remuneraciones, calculen los riesgos que tomamos cada vez que se nos complica un resfrío.

"Como Ministerio fiscalizamos la tecnología…" dijo el Ministro Venegas. No aclaró por y para qué, ni con qué conocimientos tecnológicos (¿acaso el nivel de sus fiscalizados es inferior al de los funcionarios controlantes del MSP?).

Pero mucho más explícito y revelador de la Cultura Progresista fue el Presidente de la Junase: "Si cada institución quiere traer un aparatito para hacer dinero, nosotros nos vamos a oponer radicalmente".

Véase que aquí no aparece el absurdo contenido en la declaración del Ministro, verdadera fórmula para el atraso tecnológico.

No. Esto es mucho peor: al Británico (y a todos los otros fenicios de la salud), hay que contenerlos, porque con la salud no se puede hacer dinero. He ahí el cerno de la Cultura Progresista y la explicación de porqué nuestro Sistema Nacional de Salud habrá de seguir el camino de sus antecesores, Disse y Asse (sólo que esta vuelta el fracaso y el agujero habrá de ser mucho mayor).

Imagine por un momento el lector que algún día le pueda tocar estar acostado sobre una camilla, camino a un quirófano, en una institución que no ha invertido, que paga mal a médicos y funcionarios y que está tapada de deudas. ¡Qué peligro!

Se me dirá que la mentalidad descripta no es la de todo el Frente Amplio y lo admito. Efectivamente, no todos los frenteamplistas opinan igual a los tres ejemplos citados.

Los hay, incluso, que llegan a reconocer los errores que cometieron cuando creían en aquellas cosas, como acaba de hacerlo el Sr. Astori (infelizmente algo tarde y tibiamente) o en otros casos, sin llegar a hacer un mea culpa explícito, pero lanzando opiniones herejes para la Cultura Progresista, como es el caso del Presidente (infelizmente con poco orden, escaso seguimiento y menor autoridad).

Todo eso es cierto.

Pero no lo es menos que en esa pulseada, a veces sorda y otras no tanto, ganan con más frecuencia los Garganos que los Vázquez, los Frugoni que los Lorenzo, los Lorier que los Astori y las estructuras del Frente Amplio que el Presidente.

Si algo hay que rompa los ojos en este gobierno, es que las iniciativas modernas son pocas y de esas pocas, a destino llegan menos que los trenes de AFE.

Si esta Cultura Progresista no refleja verdaderamente la ideología del Frente Amplio, es hora de que lo demuestre.

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