Larrañaga y su proceso

ANTONIO MERCADER

En reciente entrevista publicada en este diario, el senador Jorge Larrañaga discrepó con "algunos columnistas del diario El País" que propician que blancos y colorados voten juntos en Montevideo en las próximas elecciones municipales. Como soy uno de esos columnistas me doy por aludido sin pretensiones de polemizar ni de convertir este espacio en una columna de temas partidistas. Se trata simplemente de aclarar las cosas.

Según Larrañaga, al Frente Amplio "no lo saca un cóctel de partidos" sino "la gente cansada de 25 años de administración frentista". Lo del "cóctel" huelga pues las normas vigentes permiten que bajo un mismo lema comparezcan hasta tres candidatos a la Intendencia de Montevideo. Es decir, todo se puede hacer de manera ordenada y legal. El más votado será quien gobierne y lo hará con un programa acordado entre los concertados conservando cada cual su identidad.

Juntos, pero no entreverados.

Es verdad que son complejas las fórmulas para llegar a ello y que requerirán una afinada ingeniería electoral así como una resuelta voluntad negociadora. Para resolver dilemas tan complicados están los políticos a quienes se supone especializados en estas materias.

En sustento de su postura contraria al acuerdo entre blancos y colorados, Larrañaga evoca una antigua muletilla alguna vez recogida por Wilson: "Los blancos con los blancos". Si bien Wilson pudo aplicarla en circunstancias puntuales, nunca la empleó para cerrar las puertas del partido a gente de otros orígenes políticos ni para negarse al diálogo, la transacción y, en definitiva, la convergencia para alcanzar el poder.

Y el poder en Montevideo está, por primera vez en mucho tiempo, al alcance de la oposición dado el descrédito en que cayó la gestión del Frente Amplio. Un descrédito pautado por las encuestas y por el decrecimiento de los votantes frentistas verificado en las últimas elecciones en donde la coalición de izquierda ganó la intendencia con menos de la mitad de los votos emitidos por los montevideanos. Algo que no había ocurrido en la última década.

Nada indica que la administración de Ana Olivera haya recuperado posiciones. Al contrario hay indicios claros de una fuerte corriente de "voto castigo" que el conjunto de la población, incluidos los exfrentistas que prefirieron anular su voto o votar en blanco en las municipales de 2010, estaría dispuesto a propinarle al oficialismo.

Un acuerdo interpartidario canalizaría el actual descontento en las próximas elecciones mediante una alianza entre blancos y colorados que, de hecho, tiene precedentes en departamentos del Interior. A mi modo de ver, construir ese canal entre la ciudadanía descontenta y su expresión en las urnas es un imperativo de la hora.

Sostiene Larrañaga: "La primera victoria es que el Frente Amplio no obtenga mayorías parlamentarias, y después ganarle la elección. Ese es el proceso".

Si lo interpreto bien, el senador parte de la base que el Frente Amplio ganará las elecciones nacionales del 2014 de manera irremediable y que la tarea acuciante es impedir que lo haga con mayorías parlamentarias. "Después" -¿cuándo? ¿en el 2019?- habría chance de "ganarle". Con todos los respetos, discrepo con esa forma de ver el "proceso", pero si la lectura de Larrañaga fuera correcta con más razón corresponde aunar fuerzas entre los partidos tradicionales para obtener la victoria en Montevideo.

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