Vergüenza

LEONARDO GUZMÁN

Que desde hace décadas la educación venía decayendo lo palpaba cualquiera, con solo advertir cómo menudean las faltas de ortografía, los tropiezos aritméticos y las carencias de la expresión. Detrás de esa penosa certeza llegaron las pruebas internacionales PISA: no nos sorprendieron cuando, nueve meses atrás, mostraron nuestro descenso del puesto 39º al 47º.

En esa escala, tampoco puede asombrarnos que las evaluaciones de la Facultad de Ingeniería de la UdelaR muestren que de cada 100 ingresados en 2011 apenas 8 alcanzan suficiencia simultánea en matemática, física, química y comprensión lectora; y, por si fuera poco, además evidencien que sólo el 19% entró capacitado para identificar la idea central de un texto, de lo que se infiere que el 81% no capta la esencia de lo que lee. Cuando las radiografías numéricas confirman tamaña amenaza a la libertad creadora de las nuevas generaciones, ¿hemos alzarnos de hombros, declarándonos acostumbrados al barranca abajo? En esa actitud se le está poniendo sordina a las observaciones de la Directora Dra. Graciela Bianchi sobre el rendimiento de Secundaria.

En esa actitud se sumió el país cuando hace un año el Arq. Juan Andrés Sienra, en "La Educación en el Uruguay" evidenció que el sistema "es un fraude que cada vez ofrece una educación de menor calidad a los jóvenes de menores recursos."

Esa fue la actitud hace dos años, cuando el Ec. Ernesto Talvi divulgó que "en los contextos socioculturales más desfavorables, 45 de cada 100 estudiantes de 15 años no poseen las destrezas mínimas para insertarse en la vida ciudadana y la actividad laboral".

Y esa fue también la actitud cuando, en febrero de 2008, el Prof. Cajarville se fue de la cátedra por "una profunda decepción por la caída del nivel de la enseñanza en la Facultad de Derecho", debida al aflojamiento de las "exigencias intelectuales" de los estudiantes -de las que dijo con llaneza "me forzaron a tratar de pensar con cabeza propia… precisamente mientras procuraba incitarlos a pensar con las suyas"-, tras lo cual con franqueza señaló que hoy "las clases deben necesariamente limitarse a una mecánica repetición de conceptos cada vez más elementales".

Cuando la estadística 2011 demuestra de Ingeniería lo mismo que tan eminente renunciante apuntó en 2008 respecto a Derecho, patentiza que hemos estado perdiendo el tiempo, lo cual en educación quiere decir vidas y vida.

La caída de la enseñanza y la falta de formación constituyen un peso muerto para cualquier desarrollo, sea capitalista o socialista: no se gana nada entregando créditos y títulos de "operadores" de "sistemas" que sean apenas funcionales, sin estro creador y sin ideales. Miremos a naciones como Finlandia, que, con 4 millones de habitantes en el hielo, es potencia intelectual porque a cada uno lo cultiva como persona. E inclinémonos sobre nuestro tapiz verde y soleado a sembrar generaciones abiertas a ideas no pensadas aún, para que el Uruguay sepa no solo "blindarse" contra seísmos económicos sino pensar, discurrir y crear nuevas síntesis para recuperar en sus hijos la pasión por saber.

"Hemos estado perdiendo el tiempo, lo cual en educación quiere decir vidas y vida".

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