Arquitectos de su propio destino

DIEGO FISCHER

Algo que parecía impensable hace tan solo tres años es hoy una realidad que despierta admiración y aplausos en todo el país. Y también fuera de fronteras. Por primera vez en su historia de más de siete décadas, el Sodre -con sus espectáculos- convoca a multitudes, fundamentalmente el ballet a cargo de Julio Bocca. Pero también atraen a miles de jóvenes y adultos, la Orquesta Sinfónica y el Cine Arte en el flamante Auditorio de Mercedes y Andes. Las entradas se agotan con días de anticipación. Pero la cosa no termina aquí: las radios del Sodre han sufrido un cambio que ya lleva más de cinco años y que se refleja en una programación periodística y cultural de muy buen nivel que involucra a todas las emisoras del organismo. En estos tiempos en que mucha gente cree que Tinelli y sus intrusos son una expresión genuina de cultura, es algo que debemos celebrar. Alguien podría decir que el renacimiento del Sodre es un milagro. Pero no lo es. El fenómeno responde a decisiones acertadas tomadas en el momento oportuno y en la elección de profesionales con trayectoria reconocida para los cargos de dirección; que -en algunos casos- son personas que no pertenecen al Frente Amplio. Creo que todos deberíamos estar festejando que un organismo del Estado que agonizaba, por no decir que estaba muerto y solo faltaba enterrarlo, haya resurgido y cumpla con los cometidos para los que fue creado. Pero (siempre hay un pero) parece que todas estas transformaciones no son suficientes para algunos funcionarios del Sodre y particularmente para la Orquesta Sinfónica. Ayer El País informó que el organismo decidió suspender el concierto previsto para la jornada pasada en el que iba a participar el reconocido pianista brasileño Nelson Freire. Se informó también que podría ser suspendida el resto de la temporada musical. Más allá de la legitimidad o no de los reclamos de los funcionarios y músicos del Sodre, hay aquí un tema capital: ningún artista que se precie de tal deja plantado al público. Esto es un principio básico y universal, que -como muchas otras cosas- parecen no conocer los integrantes de la orquesta del Sodre. No es la primera vez que sucede, un desplante similar le hicieron a Bocca funcionarios y utileros en una de sus primeras funciones. "Fui el arquitecto de mi propio destino", dice el poeta mexicano Amado Nervo en uno de sus más conocidos poemas. Luego de casi 40 años de reclamar y clamar por la reinauguración del Auditorio del Sodre, después de cuatro décadas de un ballet y una orquesta que actuaban ante un puñado de espectadores en la platea que promediaba los 80 años y de una media docena de emisoras de radio con cero punto de audiencia, yo me pregunto ¿serán conscientes los que dejaron afeitados y sin visitas a los espectadores de ayer, que ellos y solo ellos son los responsables de que el Sodre no vuelva a un estado vegetativo?

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