Enseñanza pública

Pablo Da Silveira

Cómo salir de la grave crisis educativa que nos golpea? El punto de partida consiste en observar que la calidad de la enseñanza de un país depende esencialmente de la calidad de su enseñanza pública. Esto es así al menos por dos razones.

En primer lugar, en aquellos países como el nuestro, donde la enseñanza privada no recibe subsidios, es inevitable que una gran proporción de la población no esté en condiciones de pagarla. Este enorme público cautivo hace que la enseñanza estatal no se sienta desafiada por las mejoras que logre el sector privado. Aunque muchos de quienes envían a sus hijos a los establecimientos públicos quieran cambiarlos, simplemente no podrán hacerlo.

En consecuencia, las mejoras de calidad que logre la enseñanza privada podrán beneficiar a la minoría que puede pagarla, pero difícilmente alcancen al resto.

En segundo lugar, una enseñanza pública de mala calidad tiende a deprimir la calidad de la enseñanza privada. ¿Por qué? Para entenderlo, hay que preguntarse qué es lo que lleva a los padres a pagar por la educación de sus hijos. Esta pregunta tiene desde luego muchas respuestas circunstanciales pero, de manera general y para decirlo con términos algo técnicos, aquello por lo que pagan los padres es una mejora marginal en la calidad de la educación que se les ofrece. Dicho de otro modo: no pagan por escuelas que alcancen algún estándar absoluto en términos de calidad, sino por escuelas que sean mejores que otras.

Siempre en términos generales, esto hace que la calidad de las escuelas y liceos privados dependa de la calidad de las escuelas y liceos públicos. Si los institutos públicos ofrecen una educación de alta calidad, los institutos privados deberán esforzarse para captar alumnos. Algunos podrán hacerlo apelando a llamadores que no tienen que ver con la calidad educativa, como, por ejemplo, una orientación religiosa. Pero aun esos establecimientos tendrán un techo de crecimiento muy bajo si salen mal parados en las comparaciones académicas.

En cambio, si la enseñanza pública es de mala calidad, bastará con que una escuela privada haga un poco mejor las cosas para que haya padres dispuestos a pagar. Esto no impide que haya institutos privados que se esfuercen por mejorar más de lo estrictamente necesario para tener alumnos, pero muchos otros no encontrarán motivos suficientes para hacerlo. De aquí se siguen dos conclusiones. La primera es que no tiene sentido embarcarse en guerras del tipo: enseñanza privada versus enseñanza pública. Si un país logra construir una enseñanza de buena calidad, habrá logrado construirla en los dos sectores. Acá nadie se salva solo.

La segunda conclusión es que sería miope o egoísta dedicarse únicamente a mejorar la calidad del sector privado. Este sector puede ofrecer una buena educación a sus alumnos y también puede hacer aportes valiosos tanto en lo organizativo como en lo pedagógico. Pero el futuro educativo del país se juega en el terreno de la educación pública. No se trata de un problema de los alumnos de la enseñanza estatal, sino de todos los uruguayos.

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