DIEGO FISCHER
Pocos conocen su historia. Y son menos los que saben que, por sobre todas las cosas, era una trabajadora incansable. Me refiero a Gori Salaverry de Reilly que esta semana falleció luego de haber padecido Alzheimer por más de una década. Gori hizo historia en este país. Esa pequeña historia que los textos generalmente no recogen. Fue la mujer que profesionalizó y refinó a la gastronomía uruguaya y convirtió en arte el servir y recibir. Nadie discute ese cetro que ella conquistó a fines de los `50 y que ostentó hasta el último día en que timoneó su empresa allá por el 2000. Sin proponérselo hizo escuela y abrió un campo laboral inexistente hasta entonces. Comenzó cocinando en su casa para amigos y terminó preparando los banquetes y fiestas más importantes que se celebraron en el Uruguay. Desde los reyes de España pasando por las personalidades más relevantes del mundo que visitaron estas latitudes entre los años 60 y fines de los 90, conocieron lo que era una mesa presentada y servida por Gori Salaverry. Supo, además, formar un equipo de asistentes y mozos considerados los mejores de Montevideo. Gente que, en muchos casos, trabajó con ella durante décadas, hasta jubilarse.
Coqueta al extremo de estar peinada y maquillada a la 7 de la mañana cuando comenzaba su jornada laboral en su local de la calle Eduardo Víctor Haedo. De noche lucía siempre elegantísima cuando salía a supervisar todos y cada uno de los detalles del servicio que le habían contratado. Y todavía se hacía tiempo para practicar las relaciones públicas. Nadie podía sospechar jamás que esa mujer sonriente llevaba en pie y trabajando más de 12 horas.
Su éxito la impulsó a fundar en Punta del Este Il Pappagallo que, a fines de los 60 y comienzos de los 70, y en un local de una flamante torre construida por el arquitecto Walter Pintos Risso en la Península, fue la rotisería de moda durante varias temporadas. De carácter fuerte, podía ser un volcán en erupción cuando algo no salía bien. Pero sus enojos eran tan explosivos como pasajeros.
Trabajó en radio y televisión ; sus recetas y consejos también formaron parte de suplementos especiales de El País. La conocí en la radio Sarandí de Jorge Mullins y luego nos reencontramos en Canal 10 donde, con 80 años a cuestas (que siempre ocultó y nunca representó) y con la energía de una mujer de 50, aceptó mi propuesta de cocinar en Caleidoscopio, el programa que conducía María Inés Obaldía y que yo producía. Lo hizo durante cuatro años consecutivos. Los televidentes saturaban los teléfonos de Saeta, pidiendo sus recetas o que preparara tal o cual plato. En esos tiempos, los últimos de su larguísima y exitosísima trayectoria, Gori supo ganarse el cariño de todos los que allí trabajábamos. Hoy quiero recordarla aún en su plenitud, cuando con puntualidad inglesa, al mediodía, entraba sonriente en el estudio del Canal y luego de saludar con un beso a cada uno de los camarógrafos y técnicos enseñaba su arte, el de cocinar y recibir.