CLAUDIO FANTINI
Perú quedó "entre el milagro y el suicidio", dijo Vargas Llosa sin aclarar cuál de los candidatos que disputarán el balotaje representa cada opción. Y no lo aclaró porque cualquiera de los dos puede ser una cosa o la otra.
Si el autor de "La Fiesta del Chivo" fuese sólo un libremercadista, no habría sido el archienemigo del "fujimorato", un régimen que, al fin de cuentas, introdujo más economía de mercado que los gobiernos de Belaúnde Terry. Pero como es un genuino liberal, no sólo aborreció todos los crímenes de Alberto Fujimori, incluidos los que cometió aplastando a las guerrillas de ultraizquierda, sino que cuestionó a su hija Keiko, incluso después de que quedara como el último obstáculo para que Ollanta Humala pueda llevar al Perú hacia la órbita chavista.
El régimen que se construyó en los noventa tuvo grandes logros: sepultó la hiperinflación y marcó el rumbo económico por el que continuaron Alejandro Toledo y Alan García. También aplastó a Sendero Luminoso, capturó a su líder Abimael Guzmán y dio el golpe de gracia al Movimiento Revolucionario Tupac Amaru, matando al comandante Néstor Cerpa Cartolini en la operación Chavín de Huantar. Pero Keiko Fujimori defiende todo lo actuado por su padre, sin cuestionar su costado sórdido: la clausura del Congreso, la corrupción, el espionaje y los chantajes de Vladimiro Montesinos a empresarios, prensa y oposición; la ejecución de guerrilleros que ya se habían rendido en la residencia del embajador japonés y otros crímenes de lesa humanidad.
El milagro de Humala sería que desista del "etnocacerismo" (la ideología que creó su padre, Isaac, mezclando indigenismo con el nacionalismo del general decimonónico Andrés Cáceres) y gobierne de acuerdo a su discurso de campaña, moderado por los asesores brasileños que le envió el PT para que no le pase como en 2006, cuando perdió porque el abrazo de Chávez equivalió al abrazo del oso.
Si cumple con lo prometido gobernará como Lula, respetará las inversiones y los tratados de libre comercio, efectuando al modelo económico sólo las correcciones necesarias para que derrame hacia abajo la riqueza que ni Fujimori ni Toledo ni el actual presidente aprista le hicieron derramar. Y el milagro de Keiko sería que no reproduzca la acumulación de poder, la corrupción y la represión de los noventa.
Humala podría traicionar su moderación electoralista porque tiene donde colocar un régimen autoritario y estatista: el bloque chavista. En cambio Keiko tiene menos margen de maniobra regional para el modelo autoritario conservador que representa.
Los dos van a jurar moderación al electorado centrista que antes dividió absurdamente su voto entre tres candidatos centristas. El suicidio del sistema liberal-demócrata peruano será que el ganador traicione su discurso de campaña. Y el milagro ocurrirá si el ganador puede renunciar a la herencia ideológica que recibió del padre.