Estamos bien

IGNACIO DE POSADAS

Menem, en su primer período (el único bueno) decía: "estamos mal, pero vamos bien", lo que -por un tiempo- fue cierto. El Uruguay está (bastante) bien si sólo miramos la macroeconomía, pero vamos mal. Vamos cada vez más mal. O sea, peor.

De mal en peor, nuestro sistema nacional de salud. Remal y sin levante nuestra seguridad personal. Por ahí la vigencia del Estado de Derecho. Y de peor a irredenta la educación pública, para mencionar apenas algunos de los temas de fondo que hacen al gobierno de una nación. Pero no es de estos que quiero hablar, sino del estado de situación de otro de los fines esenciales del Estado: no estamos bien y vamos para el demonio en cuanto a nuestras relaciones internacionales.

En cosa de pocos días los mandamases del primer mundo nos prepotearon (mal), dos veces y Argentina por enésima vez.

Cuando ocurren estas cosas -y ocurren con mucha frecuencia- miramos en nuestro derredor (como buscando quién comparta nuestra calentura y haga o diga algo por nosotros) y constatamos vemos que estamos solos. Solos. Absolutamente solos. Bueno, capaz que Cuba simpatice con nosotros y los palestinos recuerden el apoyo que nuestro gobierno les brindó. O sea: solos.

Uruguay no tiene apoyos relevantes para sus necesidades geopolíticas. Estamos mal y vamos para peor. En parte no es culpa nuestra: Europa se ha metido en un bruto lío y carece de liderazgos políticos con talla suficiente como para encarar exitosamente soluciones necesariamente heroicas y contundentes. Así, en su medianía política, nos sale a apretar vía la OCDE y a cargarnos el sayo por boca de uno de sus políticos de menor estatura. Eso nos agarra en tiempos en los que nuestro vecindario o nos ignora con poco disimulo, o nos desprecia, sin él. Pero no estamos libres totalmente de responsabilidad. Nos engrupimos, primero creyendo aquello de que las afinidades ideológicas iban a sustituir a los intereses nacionales y luego pensando que rascándoles el lomo y aflojando, nos iban a querer y contemplar.

Instrumentar una política exterior que defienda los intereses nacionales no es fácil, pero hay que intentarlo. No se hace viajando a países muy dignos pero ajenos a aquéllos, ni cabestreando con los vecinos y los poderosos, ni terciando en problemas mundiales que podrán ser meritorios pero no nos incumben y significan malquistarnos con quienes sí son para nosotros gravitantes. Por último, tampoco ayuda el exceso de pensamientos dispersos expresados ad lib y en voz alta desde el gobierno.

Callado, con lucidez y de forma sistemática, el gobierno tiene que pensar (primero), formular (después) y poner en práctica, una política exterior coherente, cuyo norte sea la defensa de nuestros intereses geopolíticos. No es nada fácil. Implicará entender al Brasil y discernir caminos de aproximación sistemáticos (no impulsivas llamadas telefónicas presidenciales) que, siendo funcionales al esquema geopolítico brasileño, conlleven beneficio para nosotros. Implicará contener (no irritar) a la Argentina, mientras dure el poder del peronismo K.

E implicará armar ya una política de apoyos externos, que no serán ni Finlandia, ni Suecia, ni Cuba, ni Palestina. Se abre la posibilidad de una fase nueva con los EE.UU. a partir de la designación de una nueva embajadora y la apertura de la campaña electoral; España cuenta en nuestro país con una embajadora de extraordinaria capacidad y también se aproxima a un cambio político relevante; Colombia es un país de envergadura en nuestro continente y goza de un gobierno probadamente lúcido.

Más puntualmente y referido al intríngulis concreto, algunas sugerencias, algo audaces, pero menos impracticables de lo que impactarán a primera vista: 1) Consultar a las autoridades competentes en Francia si: a) el tratado que firmamos con ella ha sido anulado por algún motivo y b) si ocurrió algún caso, desconocido por nuestro gobierno, de solicitudes de información que fueron rechazados o ignorados. 2) Consultar formalmente, a través de nuestros embajadores en los países del G20 y los de estos acreditados en Uruguay: a) Si cada uno de ellos firmó un documento que califica a nuestro país como "paraíso fiscal" y, caso afirmativo, basado en qué elementos; b) Si suscribieron la amenaza de "apartar (al Uruguay) de la comunidad internacional" y 3) Consultar formalmente a los organismos internacionales relevantes, de los que formamos parte (OMC, ONU, etc.), si existe algún mecanismo institucional por el cual un miembro puede ser excluido y en tal caso, los motivos y los procedimientos. No asustarse. Y recordar que llamando al embajador no embromamos a nadie.

En fin, es imperioso hacer los deberes en esta materia. Que cuánto más se complique la economía mundial peor nos va a ir.

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