Pablo Da Silveira
El representante de los docentes en el Consejo de Secundaria, Daniel Guasco, recibió una buena tunda tras hacer declaraciones en contra de la prueba internacional PISA. El presidente del Partido Independiente, Pablo Mieres, lo acusó de decir disparates y pidió públicamente su renuncia. El consejero del Codicen Daniel Corbo puso toda la distancia humanamente posible. El senador Ope Pasquet y otras figuras lo atacaron con dureza.
La verdad es que Guasco se lo merece. Su absurdo punto de vista consiste en decir que la prueba PISA es útil para todo el mundo menos para los uruguayos. Países tan diversos como, Perú, Colombia, Canadá, Grecia, Hungría, Eslovaquia, Nueva Zelanda, Bulgaria, Indonesia, Israel, Jordania, Qatar, Túnez, Kirguizistán, Tailandia y Singapur consideran a esas mediciones lo suficientemente útiles como para permanecer suscritos al programa, cumplir todos los pasos necesarios para aplicarlo y difundir ampliamente los resultados. A todos les sirve, excepto a nosotros. Parecería que somos tan especiales, tan excepcionales y únicos que necesitamos un traje a medida.
Los argumentos que utiliza Guasco para defender esta idea son de una debilidad alarmante. Por ejemplo, sostiene que no podemos compararnos con Finlandia (a la que le sigue yendo muy bien en las pruebas) porque ese país gasta el 8% del PBI en educación. Pero omite decir que Honduras también gasta el 8% y tiene uno de los peores sistemas educativos del planeta. Parecería que Guasco sólo se acuerda del argumento del gasto cuando le conviene para pedir más plata.
Pero, en este caso como en todos los demás, sería un error quedarse en la anécdota. Hay dos aspectos no tan visibles de este episodio que conviene tener muy presentes.
El primero de ellos es que Guasco no está solo. Él ha sido el único entre las autoridades de ANEP que tuvo la valentía o la imprudencia de salir a decir públicamente lo que piensa. Pero, en ámbitos más reservados, muchas personas que hoy ocupan posiciones de responsabilidad dentro del organismo están diciendo cosas parecidas.
Lo segundo que hay que recordar es que tanto Guasco como sus colegas son burócratas. Y los burócratas suelen cultivar sus propias variedades de la astucia. Vista la ola de críticas que se ha levantado, es poco probable que volvamos a escuchar objeciones públicas contra la prueba PISA. Pero muy bien podría ocurrir que, cuando se divulguen nuevos resultados dentro de tres años, simplemente Uruguay no figure. Entonces aparecerá una explicación vaga (un olvido, la ausencia de órdenes claras), que justificará la situación sin responsabilizar a nadie.
De modo que los ciudadanos debemos tener clara la agenda: dentro de tres años habrá una nueva edición del programa PISA. Para figurar en ella, ya hay que estar haciendo cosas. El convenio entre ANEP y la OCDE debe mantenerse vigente y el año que viene hay que estar haciendo una prueba piloto. Si algo de esto no ocurriera, estaríamos ante una clara omisión.
Y la omisión es una de las pocas razones por las que sigue siendo posible en este país destituir a un funcionario público.