ANDRÉS LÓPEZ REILLY
"Estamos como pelotas de ping pong", dice el ex sereno del Cilindro, Rubens Di Prisco. Ahora limpian vidrios en el Velódromo y juntan papelitos en el Centenario. Pero lo que les preocupa, es saber si seguirán teniendo trabajo después de fin de mes.
El 21 de octubre les cambió la vida. Como la mayoría de los uruguayos, se enteraron temprano en la mañana del incendio y colapso del techo del Cilindro Municipal, justo antes de salir a trabajar. Ése día perdieron su lugar de tareas. Y desde entonces, se encuentran cumpliendo funciones en diferentes escenarios deportivos.
Atrás quedaron las expectativas por los shows que estaban a punto de reanudarse en el Cilindro, tras las obras de reparación que duraron varias semanas. Y los deseos de hacer algunas horas extras que les permitieran generar un plus para las fiestas de fin de año.
Ahora, no saben dónde van a trabajar, ni qué van a hacer cada día en su jornada laboral. Tienen que ingeniárselas para trasladarse y llevar a sus hijos a la escuela. Y lidiar con las fricciones de desembarcar en lugares donde ya hay trabajadores estables de mantenimiento.
Sin embargo, lo que más les preocupa es qué pasará con ellos después del 30 de noviembre, porque la Intendencia no les ha garantizado que tengan trabajo después de esa fecha.
"Cuando ocurrió el derrumbe, hubo una sensación de que nos iban a ayudar, de que estábamos protegidos. Hoy no sabemos qué va a pasar con nosotros", señala Di Prisco, un jubilado municipal que trabajaba en el Cilindro de viernes a domingo de casero y los martes y jueves de sereno, en el horario de 18 a 24. "Yo descansaba los miércoles, que fue lo que hizo que no estuviera ahí ese día. Sino, no sé lo que hubiera pasado; posiblemente hoy no estaría acá", indicó.
En total, siete personas trabajaban para la Comisión Administradora del Cilindro Municipal (Cadec), una entidad privada pero con dirección municipal. A esas siete personas se le sumaban dos funcionarios de la Intendencia (un administrativo y un portero) y otros dos cargos políticos.
"La comisión administradora siempre se ha portado bien con los trabajadores. Pero según nos dijeron, lo que ocurrirá desde fin de mes en adelante es una incógnita tanto para ellos como para nosotros", añadió Di Prisco.
Una de sus compañeras de trabajo, Rita Moraes, se quejó porque están "expuestos a ir a otros lugares, como el Velódromo, el Charrúa, o el Centenario, invadiendo espacios en donde trabaja otra gente. Y uno está incómodo con eso; no está bueno que no tengamos un lugar físico para trabajar".
"Esto no se trata de echarle la culpa a alguien por el derrumbe del Cilindro, se trata de que alguien se haga cargo de nosotros, sus trabajadores", añadió Moraes.
A ESTUDIO. El secretario general de la Intendencia, Ricardo Prato, dijo ayer a El País que "no hay una resolución por el momento" sobre el destino de estos trabajadores.
También estaba previsto que se iniciaran ayer las tareas de remoción de las 800 toneladas de escombros que quedaron en el interior del Cilindro, para lo cual únicamente faltaba una grúa que se encararía de descolgar los restos que quedaron sujetos a las paredes. La grúa llegó, pero los trabajos no comenzaron por la "camionada" de los trabajadores de la construcción.
Por otro lado, Prato corrigió la cifra que demandará el retiro de escombros del Cilindro: serán US$ 40.000 y no US$ 140.000, como se había informado en un comienzo.
La Intendencia aún no recibió los informes de la Facultad de Ingeniería, el Latu y Bomberos (éste último en poder de la Justicia), los cuales permitirán determinar si el edificio puede ser recuperado o deberá derribarse, tomando en cuenta que lo más valioso era su techo, una obra de ingeniería monumental de la década de 1950.