Oposición

FRANCISCO FAIG

El Partido Nacional comienza el sábado próximo una necesaria introspección política y electoral con mirada a futuro.

El cambio de reglas de 1997 fue costoso para los blancos. Fue quedando claro que la interna precisa de la unidad partidaria para proyectar las nacionales y las departamentales. A partir de 2004 ganó ese espíritu, y el partido amoldó dos grandes corrientes que, mal que bien, retomaron sus dos vertientes históricas.

Sin embargo, los triunfos del Frente Amplio evidenciaron dificultades a la hora de ejercer la oposición.

Es un lugar político que el partido conoce. Pero se hace en un contexto cultural y económico nuevo.

Novedad cultural que está dada en la fragmentación social que abre escenarios urbanos a los que el discurso y la militancia blancos no están acostumbrados.

Pero que también importa un tipo de modernidad social que da menos relevancia en general a la posición de los partidos para la formación de opinión en temas nacionales.

Novedad económica también. Nunca en la historia contemporánea el país creció tanto y tan sostenidamente. Según las previsiones, al 2015, su riqueza se habrá de multiplicar por tres en los últimos 12 años. La pobreza y la indigencia son menores por este crecimiento que responde esencialmente al viento de cola internacional.

Y, sin hurgar demasiado, el sentir colectivo otorga al gobierno de izquierda ese éxito.

Los caminos de análisis se detendrán seguramente en cambios insoslayables: una necesaria mayor oferta electoral parlamentaria en las elecciones generales; una imprescindible mejor comunicación profesional; una apertura a la militancia social.

Son cambios difíciles de llevar adelante, que requerirán paciencia y actitudes distintas y de talante renovador. Pero nada se logrará de positivo, si los blancos no profundizan en el sentido que hay que darle a la oposición política.

La oposición es el conjunto de las fuerzas partidarias que tienen por vocación tomar el poder, alimentar una crítica a los gobernantes del momento y definir una alternativa programática. Los blancos, hasta 1984, ejercieron la oposición casi en solitario contra el Partido Colorado.

Pero el nuevo esquema de partidos abierto en 2004 cambió radicalmente el escenario: ahora el partido comparte con los colorados ese fundamental papel democrático.

De poco servirán los cambios internos, tan importantes como necesarios, si no se asume la gravedad histórica de la hora. Ella señala, sin ambages, que los uruguayos perciben a blancos y colorados como integrantes de una misma oposición, y que, en coalición, representan la alternativa a la izquierda.

La tentación de copiar propuestas y semblantes frenteamplistas es garantía de fracaso. Tapar el sol de la oposición compartida con los colorados con la mano izquierda que revolea el poncho, seguramente dé resultados en la interna. Pero reniega de los sustanciales cambios del sistema político, justo cuando el país precisa que los blancos lideren un nuevo tiempo que dé certezas en la alternancia en el poder.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar