DIEGO FISCHER
Usted tiene un contrato asociado por lo tanto no puede aumentar el servicio", así me respondió, el jueves último, la funcionaria del puesto 16 de Antel de la sucursal Punta Carretas. Fue cerca de la hora 12. Había concurrido a solicitar un aumento en el servicio de adsl fijo y móvil que tengo contratado para mis hijos. Es que los chicos me plantearon la necesidad de contar con un acceso a Internet libre más veloz que el que tienen hoy.
"No se puede, no lo permite el contrato que usted firmó", me reiteró la funcionaria ante mi insistencia. "Recién podrá hacer cambios el 7 de enero cuando venza su contrato". Muy bien: ¿ y qué solución me da? , pregunté.
" Vuelva el 7 de enero". Resolví tomar la respuesta como una broma para no explotar de bronca.
Quiere decir que como cliente de Antel, con la que tengo contratado dos servicios de adsl fijos y móviles y dos líneas telefónicas y necesito incrementar uno de ellos, no lo puedo hacer. "Así es, hasta que venza el contrato no puede ni aumentar, ni introducir cambios, ni rescindir el contrato" y luego añadió "pero sí puede aumentar la velocidad en su otro servicio de adsl. "Pero no quiero aumentar ese servicio porque allí no lo necesito, quiero que el incremento se aplique al que ya le mencioné.
Por momentos aquello era una escena propia de un sainete, en la siguiente acepción que le da el Diccionario de la Real Academia Española :situación o acontecimiento grotesco o ridículo y a veces tragicómico.
Ya que no pude o mejor dicho Antel no me permitió ser un cliente que haga un uso mayor de un servicio, le pedí a la funcionaria que me tomara un reclamo.
Es que mi adsl, el que quiero mantener en las mismas condiciones está fallando. "No puedo, tiene que llamar al 0800 1199". Allí llamé hace tres semanas y me prometieron que se comunicarían conmigo a la brevedad y nunca lo hicieron. Bueno tal vez estemos todavía en lo que -en este caso- Antel Data considera brevedad. "Acá no tomamos reclamos", sentenció.
Hace muchos años, cuando yo era chico, había un sketch en un programa cómico de televisión argentino llamado La Tuerca, en el que un hombre concurría a una tintorería de unos japoneses a retirar un traje que había mandado limpiar y cuya boleta había extraviado.
El personaje se deshacía en explicaciones y argumentos y recibía siempre la misma respuesta: "¿tiene boleta?". El jueves pasado faltó que la funcionaria de Antel me preguntara : ¿tiene boleta?.