ANDRÉS LÓPEZ REILLY
Desde ayer todas las empresas fúnebres y el servicio municipal de Necrópolis tienen la obligación de colocar un precinto metálico en el puño o el tobillo de los difuntos. La medida se adopta para evitar el "extravío" de cuerpos en los cementerios.
La resolución firmada ayer por la intendenta de Montevideo, Hyara Rodríguez, admite que "se han planteado situaciones que han inducido al error en oportunidades en que interviene la Morgue Judicial y en las necrópolis cuando se realiza la reducción de restos", por lo que se decidió tomar esta medida de precintar a los difuntos con una pulsera o tobillera incorruptible, en la que figure su nombre y cédula de identidad.
"Salvando las distancias, se parece a lo que se hace cuando nace un niño en un sanatorio", dijo la intendenta Rodríguez.
Por su parte, el director de Acondicionamiento Urbano -de quien depende el servicio municipal de Necrópolis-, Daniel Espósito, señaló que la medida "es un complemento" a la identificación que siempre se hizo de los ataúdes.
"Esto da mayores garantías en cuanto a la posibilidad que pueda haber con cajones rotos y esas situaciones que a veces se dan con el movimiento de cadáveres en el cementerio", añadió Espósito.
La medida fue sugerida por el Servicio Fúnebre y Necrópolis de la Intendencia, luego de hacer consultas con el Departamento de Medicina Legal de la Facultad de Medicina y con la Morgue Judicial.
DENUNCIAS. El año pasado, la Intendencia de Montevideo recibió múltiples denuncias por la desaparición o extravío de cuerpos en cementerios municipales, la mayoría de ellas canalizadas a través de la oficina del edil nacionalista Daniel Graffigna, quien puso en manos del ex intendente Ricardo Ehrlich información y documentación que comprometería a funcionarios municipales del servicio de Necrópolis.
Una de las denuncias fue formulada por Abel Aguirre, un ex oficial de Prefectura que perdió una hija durante el parto de su esposa, en 1987. La pequeña fue sepultada en el panteón de las FF.AA. en el Cementerio del Norte. Al concurrir el padre a hacer la cremación, se encontró con una tumba vacía.
Otro de los casos polémicos es el de Alex Aguiar, fallecido el 31 de enero de 1999, cuyo cuerpo fue reducido dos años más tarde.
El año pasado sus hijas Solange y Jessica Aguiar fueron en busca de sus restos al panteón de La Española, ubicado en El Buceo, para hacer la cremación en el Cementerio del Norte.
Al llegar, vieron que dentro de la urna estaban los restos de una mujer, por lo que detuvieron la cremación y formularon una denuncia. Luego, pidieron ser escoltadas por un policía al Buceo, donde los restos fueron depositados nuevamente a la espera de una prueba de ADN que fue ordenada por el juez penal Néstor Valetti.
Otra prueba de ADN fue practicada a los restos hallados en la fosa N° 2789 del Cementerio del Norte, donde debería estar el cuerpo de Andrea Jacqueline Rodríguez Montenegro, fallecida a la edad de 31 años, el 3 de septiembre de 2005 y sepultada un día después.
Su hermana, Virginia Rodríguez, estuvo presente cuando se iba a hacer la reducción del cuerpo y dijo que cuando se abrió la tumba, se encontraron con los restos de una mujer mayor de edad.
Virginia también dijo que se abrió el sepulcro lindero buscando el cuerpo de su hermana y que en ese lugar, donde se debería encontrar una anciana de unos 90 años, había una placa con el nombre "Darío".
Actualmente, el edil Graffigna aguarda una resolución judicial luego de haber presentado una denuncia ante el juzgado del crimen organizado por la desaparición y extravío de cuerpos en los cementerios municipales de Montevideo.
Estudian moscas en Buceo
Espósito informó que la Facultad de Ciencias comenzará a estudiar la proliferación de mosquitas -propias de la fauna cadavérica- en los nichos del Cementerio del Buceo. "Se hará un estudio desde el punto de vista biológico de todo el fenómeno que se está dando en ese cementerio. Es un trabajo de dos años, que va a contemplar las cuatro temporadas", indicó el jerarca. Según los vecinos, las mosquitas "se meten en todos lados".