Militares sí

Francisco Faig

La izquierda vernácula sufre recurrentemente de antimilitarismo. En el Parlamento, la senadora Moreira la emprendió contra el monto del presupuesto militar. La carta presidencial de Óscar Arias luego, invitando a quedarnos sin ejército como Costa Rica, agregó una dimensión internacional a la conocida argumentación izquierdista.

¿Para qué tener ejército, cuando es enemigo de la paz, el desarrollo, la libertad y la alegría? La visión simple de la doxa izquierdista y pacifista nos recuerda que no hay hipótesis de conflicto con Argentina o Brasil en la que nuestras Fuerzas Armadas puedan resistir una agresión. El argumento es tan pueril como extendido, y forma parte de cierto sentido común popular.

Es claro que hay un nuevo mundo desde 2001 y que los conflictos potenciales cambiaron: sin ir muy lejos, las propias fuerzas armadas brasileñas y argentinas razonan distinto que en la época de la Guerra Fría. Es claro también, que los temas de seguridad nacional no pasan por una guerra con nuestros vecinos.

Para el desarrollo nacional, importa mucho contar con una Armada eficiente y con recursos, que sea capaz de defender los intereses económicos de nuestro ya extenso (y vamos por más) territorio marítimo. No solo por la riqueza ictícola, sino también y sobre todo, por la estratégica y potencial riqueza de gas y petróleo que ya sabemos tenemos, y que seguramente explotaremos más temprano que tarde. Importa también tener una Armada moderna que sea capaz de defender nuestros estratégicos puertos en tiempos de competencia ardua y feroz, en particular con la Argentina y el sur de Brasil.

Para la libertad y prosperidad nacional, importa mucho contar con una Fuerza Aérea profesional y con recursos que pueda controlar el espacio aéreo del país. El contrabando y el narcotráfico son dos amenazas serias para la economía uruguaya, y todos los esfuerzos son pocos cuando se trata de asegurar que el centro y norte del país no se transformen en bases de operaciones del tráfico ilegal de estupefacientes y comercio para la región.

Para la paz del país, importa mucho contar con un Ejército capaz de defender puntos estratégicos de frontera y que, con su disciplina, sea instrumento eficiente para enfrentar situaciones de calamidades extremas cada vez más frecuentes. ¿O ya nos olvidamos que hubo que enviar tropas a Fray Bentos en plena construcción de Botnia?

Nuestras Fuerzas Armadas, además, cumplen un papel preponderante en el nuevo orden internacional desde la multiplicación de su actividad en misiones de paz multilaterales. La candidatura de Uruguay a integrar el consejo de seguridad de Naciones Unidas mucho debe a esa activa participación.

Ni Panamá ni Costa Rica son modelos en el tema militar. Más convendría mirar por el lado de Singapur, para buscar ejemplos de independencia en zonas estratégicas; o del lado de Canadá, para mejorar la eficiencia en defensa.

Y dejar de lado este discurso torpe e inconducente: ningún país de primera la emprende contra sus militares y elimina sus ejércitos.

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