El tutor

FRANCISCO FAIG

En la interna frenteamplista, hay un antes y un después del discurso de Vázquez del 25 de marzo. Quedó claramente confirmado: si la biología acompaña, él será el candidato presidencial de 2014 por el partido de gobierno.

Importó el tono y el sentimiento de su discurso. Será desde el liderazgo del partido, que tanto añoró, que mantendrá su espacio político. Será también, claro está, apelando a una construcción de la unidad frenteamplista que sólo puede asegurarse entorno a su figura. Aviso a los Martínez, delfines emepepistas, y otros buenos compañeros de ruta: no ha llegado el tiempo del recambio generacional.

Importó la relación con el gobierno de Mujica. Será de apoyo declarado, franco, sentido, impostergable. Como un tutor que desde la legitimidad frenteamplista más rotunda cuidará del buen rumbo de la nueva administración. Un rumbo, claro está, que debe cuidar la unidad también desde el lado de Mujica. Aviso a tentaciones fratricidas, como la denuncia presidencial de los concursos truchos de la anterior administración: el jefe del partido es Vázquez.

Importó finalmente, el sentido histórico declarado. Será el del proyecto frenteamplista identificado con el poder por muchos años porque, según Vázquez, no hay mejor construcción colectiva para el país que la que ofrece esta izquierda.

La duda se mantiene a tan pocos días de gobierno, sobre el papel de Mujica en relación a Vázquez. Si será el Martínez Trueba que le complique el futuro triunfo, o si será el Williman que le asegure el segundo mandato. De lo que sí no hay duda, luego del 25 de marzo, es que Vázquez aspira a ser un Batlle de la izquierda.

Ahora, ¿cuál Batlle? ¿Un Batlle que viaje por el mundo y espere su tiempo electoral, como lo fue José? Vázquez está preocupado por estar presente, por retomar rápidamente el control de la situación partidaria, apoderándose de los símbolos y de la liturgia que dan sentido de identidad colectiva. En realidad, se parece más al Luis Batlle de 1952-1953 que tuvo que lidiar con el colegiado.

Quien crea que el duelo Mujica-Vázquez por el liderazgo de la izquierda termina en la ruptura del Frente Amplio, no entiende la lógica política de un partido que hace rato dejó de ser opositor para transformarse en maquinaria de gobierno.

No habrá ruptura, además, porque Vázquez será el tutor de la unidad que pueda asegurar un nuevo triunfo. En un escenario futuro de complicaciones económicas, Vázquez encarnará la promesa de bonanza del primer gobierno de izquierda. Si los tiempos llegaran a ser de consolidación del crecimiento, Vázquez será la certeza de seguir por ese camino-proyecto de país en 2014.

Quien diga que falta mucho y que las circunstancias varían, tiene razón. Pero se equivoca quien crea que para enfrentar a este Frente Amplio con éxito alcanza con mejorar y retocar en la recta final de campaña a los candidatos, sin reformular grandemente y desde ya las propuestas y el talante político de toda la oposición.

Los caminos de la alternancia en el poder son pues, escarpados.

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