Hace poco, más o menos dos años, el director de Desarrollo Económico de la Intendencia Municipal de Montevideo dijo: "proyectos de magnitud transformarán la fisonomía de la ciudad junto con el plan de movilidad urbana del Municipio".
Se prometía de todo. Gastos millonarios en dólares. Iniciativas edilicias y comerciales, terminales de ómnibus, parques industriales, central de interdepartamentales en el área del Mercado Modelo… Y muchas cosas más.
Según aquella exposición, no quedaba zona de esta ciudad para la cual, al decir de Dickens, no hubiera "grandes expectativas".
De todo eso, poco o nada se ha concretado durante el lapso transcurrido. Lo que sí sigue vigente en este comienzo de 2010, es mucho de lo que ya estaba vigente en el Montevideo de aquellos días de inicios de 2008. Es decir, un Montevideo donde los inspectores de tránsito no advierten los carros que circulan peligrosamente ni los autobuses cruzando semáforos en rojo. Un Montevideo donde cada vez se perciben menos calles con carteles indicadores de su nombre. Una urbe donde hace largos años que las señales pintadas sobre el asfalto se han desvanecido y las preocupaciones de los vecinos deambulan interminablemente por los laberintos burocráticos de los Centros Comunales Zonales. Esa ciudad cuyos pavimentos lucen en tan mal estado que hasta han provocado accidentes fatales. Esa capital departamental donde se logró concretar el raro fenómeno de que los casinos municipales dieran pérdidas multimillonarias.
Pero algo ha cambiado: se acerca inexorablemente el mes de mayo y con él, las elecciones municipales. Se abre así, finalmente, la perspectiva de un cambio radical y positivo.