Unidad nacional

Juan Martín Posadas

En estas semanas se ha venido redondeando el proceso de integración de los cargos en la administración pública que restaba llenar. Después de mucho tiempo se ha vuelto a dar lugar a la oposición. Este paso -dar lugar a la oposición-, fue catalogado de histórico por el periodismo y fue valorado expresamente por la oposición. Sin embargo no ha sido bien explicado.

La política, entre otras cosas, es comunicación. Muchos lo olvidan (o nunca lo supieron). En una democracia la política es comunicación. Un paso como el que estamos analizando necesita, más que otros, ser bien comunicado. De lo contrario la población lo verá como una repartija. Esa es la versión más desnaturalizada, el abismo a donde puede despeñarse (y varias veces lo ha hecho) una práctica que, bien encaminada, tiene sentido y un sano propósito. Todo está en comunicarlo como corresponde (y luego no desmentirlo en los hechos).

Pero no se ha comunicado bien. Se habló de un derecho de la oposición. Estrictamente hablando la oposición no puede invocar ningún derecho a poner un director en UTE, el BROU o el Codicen. Se habló también de que esta es la manera de que exista un control de la gestión de gobierno. Este es el argumento más meneado pero el menos consistente. El control invocado es muy relativo en cuanto a hacerse de información de otro modo inaccesible y nulo en cuanto a modificar o frenar decisiones.

La importancia del hecho está hoy en otro lado y no es jurídica ni teórica sino política. Cuando Mujica da este paso (que no dio Vázquez, ni Batlle, ni Lacalle) está encarando el problema del Uruguay dividido. Esta es una dolencia instalada en el país desde la restauración institucional. Por eso Mujica dice (comunica): "Esto no es un reparto de toma y da. Es una cuestión de intentar construir una unidad nacional en los gestos más hondos y profundos".

Los gestos son parte de la comunicación. La política se juega en los aciertos de la comunicación. El sentido de este paso es la unidad nacional. No es algo para control de la gestión o para mejor administración. Es otra cosa.

Mujica se lo está diciendo a la izquierda que tiene una dificultad congénita, por su ADN marxista, en digerir como parte de la nación a lo otro (partidos burgueses, derechos formales, etc.). Les dijo en esa misma ocasión: "No somos dueños del país (ni de la verdad o la justicia, se podría agregar) sino de parte del país y como tal debemos luchar por todos, los que nos votaron y los que no".

Y Mujica se lo está diciendo a la oposición, hoy integrada por los partidos históricos, que están convocados por la propia historia además de la convocatoria presidencial, a recomponer una unidad nacional, aún en la discrepancia y aún en las contrariedades y perplejidades que para ellos constituyen las sucesivas derrotas electorales.

Nuestro sistema político entero parece encerrado en un discurso repetitivo y en una atención acotada a un tipo de problemas, que son reales (educación, seguridad, salud, trabajo) pero que hacen ausentarse al discurso político de los anhelos más hondos de una nación: la unidad de los diferentes en la libertad para todos.

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