Leonardo Guzmán
Al irse, el ex Juez Letrado de Penal 14º escribió a la Suprema Corte de Justicia: "Tal vez mi mayor pecado consistiera en no haber hecho diferencias entre pobres y ricos, entre poderosos y no poderosos". El concepto no se ajusta a la historia vivida. En los 60 la Justicia encarceló a Directores de Cuopar, del Banco Transatlántico y Financiera Monti; en los 70, a Directores del Banco Mercantil, a gestores del Cambio Menéndez y a una troja de ediles de Montevideo. ¿A qué seguir, si cada década ha sido muestrario?
Siempre hubo procesados fuertes y notorios. Y siempre hubo jueces que sopesaron hechos y razones, mas no riqueza y poder: el tiempo entierra sus nombres en el olvido, pero esa fue la tradición -honrosa- que encarnaron. Por tanto, mientras la opinión pública aguarda el fin de la indagación más allá de la renuncia, ténga-se presente. No dejemos que se abran paso murmuraciones clasistas, que en el Uruguay son infundadas.
En vez, miremos de frente las grietas reales de la vida jurídica. Doctrinas deterministas de variados signos redujeron al Derecho a sirviente de las necesidades materiales, proveedor de marcos legales y mediador entre intereses. De hecho, con pretexto económico se adueñó de la escena una visión materialista y reductora del hombre.
Las personas dejaron de sentirse protagonistas a partir de valores comunes y una resignación opaca le puso sordina a aplausos y rechiflas. Los grandes números, los datos económicos y las estadísticas sociales fueron todo. No hubo desayunos de trabajo para reorganizar en las conciencias las pulsiones gestoras del Derecho.
En ese contexto, el concepto mismo de economía se nos deformó, al instalarlo más como fuente de fatalidades que como tema para la libertad creadora y la afirmación personal. Los datos y los hechos macro se sintieron más importantes -más "sólidos"- que los ideales, los proyectos y las normas. Se olvidó que, de los fisiócratas a acá, el pensamiento económico -capitalista, cooperativo, distributista o socialista- es un gran esfuerzo para introducir fines claros, lógica y vitalidad en las respuestas del hombre a su circunstancia.
Y sobre todo: se olvidó que la reflexión económica, aun siendo diferente de la que maneja el Derecho, también es un "levántate y anda" normativo. Lo dice la terminación "nomía", que en griego significa reglas: las reglas de la casa y del patrimonio forman la eco-nomía como las reglas de los astros forman la astro-nomía.
Pues bien. Para el Derecho, para la economía y para la vida toda, en el Uruguay hemos anestesiado el sentimiento normativo en su íntima médula. Tendremos que recuperarlo en una meditación que restablezca las tensiones íntimas de la siembra y los rigores lógicos de la reflexión.
Estos temas hoy no admi-ten Feria ni paros, porque debemos reconstruirlos desde los principios.
Si no, seguiremos importando figurines y dejando de encender la llama del "nosotros mismos" que, en un mundo perturbado y a ratos loco, nos llama a embanderarnos con los mejores que fueron y con los mejores que vendrán.