Hernán Sorhuet Gelós
Gracias a los avances del conocimiento humano logrados en los últimos cincuenta años, comprendemos un poco mejor la estructura y el funcionamiento del planeta.
Los océanos y mares son pilares fundamentales y su conservación se ha transformado en una prioridad de primer orden, aunque esta visión no resulta tan clara para la mayoría de las personas.
La conservación de las ballenas y delfines ha dejado de ser un tema emocional para instalarse de lleno en las estrategias para el desarrollo sostenible de los pueblos.
Cada año la Comisión Ballenera Internacional (CBI) -creada en 1946- reúne a los países miembros para definir el rumbo. Acaba de finalizar la 62ª Plenaria de la CBI en Agadir, Marruecos, con resultados auspiciosos.
No prosperó la moción de legalizar la mal denominada "caza científica" que desde hace tiempo realizan países como Japón. La justificación de la iniciativa fue fijar topes de capturas científicas y abrir un espacio de negociación por los próximos diez años, en- tre los países que se aferran a mantener la moratoria a la caza comercial de ballenas -fijada en 1986- y los que quieren volver a las cacerías.
En realidad, de haber prosperado, hubiera significado la legalización de una conducta violatoria de lo acordado internacionalmente en el seno de la CBI.
La buena salud de los océanos necesita la existencia de abundantes poblaciones de cetáceos porque resultan claves para la regulación de la dinámica de los mares.
Al mismo tiempo, existe un manejo sustentable de esas poblaciones que generan importantes beneficios, incluso económicos.
Nos referimos al llamado uso no letal de las ballenas que incluye el turismo de avistaje y observación que ya ser realiza en nuestro país desde hace varios años.
De hecho, en esta reunión de la CBI el delegado uruguayo, embajador Gastón Lasarte, presentó una iniciativa en esa dirección, apoyada por más de cien operadores turísticos de diez países latinoamericanos. En 15 años esta modalidad ha generado 278 millones de dólares de ingresos y cuenta con casi 1,5 millones de entusiastas observadores.
Además ha revitalizado extensas áreas costeras y sus poblaciones. Este uso no letal de las ballenas realizado con responsabilidad permite el aprovechamiento del recurso natural sin deteriorarlo, al tiempo que contribuye a mantener la salud de los mares y conservar los ecosistemas costeros.
Uruguay cuenta con un potencial importante en la materia y debe desarrollarlo con inteligencia y responsabilidad.
De hecho el Atlántico Sur es una región privilegiada del planeta y merece una protección específica, como la que propone un bloque de países, entre los que está en nuestro, con la creación de un santuario de ballenas, como existe en otros mares.
Las negociaciones de los gobiernos en el seno de la CBI se han tornado muy difíciles, debido a que predomina la confrontación y la desconfianza. Asegurar la conservación de los mares es un imperativo para el presente, pero sobre todo para el futuro de la humanidad.