25 de mayo: Bicentenario

Las noticias que llegaban a América a principios de 1810 eran nefastas. La resistencia en la península cedía a la invasión de Napoleón; José Bonaparte podía llegar a consolidarse como rey; y España, ser absorbida por Francia. ¿Qué derroteros podían seguir estas colonias ante semejante crisis institucional?

El movimiento juntista de 1810 se apoya en la clásica teoría política pactista que afirmaba la retroversión de la soberanía a los pueblos. Acéfala la monarquía por la prisión de Fernando VII e invadida España, la única forma legítima de reorganizar políticamente estos territorios pasaba, desde esta perspectiva, por la decisión de los pueblos soberanos reunidos libremente a través de sus representantes.

Así, el congreso general extraordinario del 22 de mayo en Buenos Aires, por 155 votos contra 69, tomó la histórica decisión de cesar el mando del virrey Cisneros y formar inmediatamente una junta provisoria de gobierno, con el compromiso de convocar lo antes posible a un congreso de diputados de todas las provincias del virreinato, para resolver el futuro político de estos territorios.

El 25 de mayo se formó la Junta de Mayo, primer gobierno autónomo del Río de la Plata y origen del proceso de independencia que avanzaría luego. La integró Cornelio Saavedra, Mariano Moreno, Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti, Domingo Matheu y Juan Larrea.

Su mayor dificultad fue lograr el reconocimiento de las provincias que formaban el amplio virreinato. En la lógica pactista de la retroversión de la soberanía a todos los pueblos, ¿por qué las provincias habrían de avenirse a la nueva autoridad porteña?

De este lado del Plata, el debate político de ese otoño en torno a la legitimidad de la Junta no era ajeno a la rivalidad económica y comercial de las dos ciudades puerto y a la reivindicación autonómica de Montevideo.

El camino juntista emprendido por Buenos Aires, centralista con relación al resto de las provincias del virreinato, no convenía al Cabildo Abierto montevideano. Acatar la autoridad de la Junta de Mayo implicaba mantener la subordinación de Montevideo a los intereses porteños. No avenirse a ella, tenía la ventaja de terminar con la dependencia política y comercial con respecto a Buenos Aires. Para complicar más las relaciones entre ambas ciudades, en junio, se recibieron en Montevideo noticias de triunfos militares del Consejo de Regencia en España que ponían en duda el avance francés en España, y por tanto, la legitimidad jurídica y política de la Junta de Buenos Aires.

Dentro de este esquema de rivalidades platenses, la campaña oriental, con "admirable alarma", terminó jugando un papel preponderante. A partir del Grito de Asencio del 28 de febrero de 1811 y a raíz de las medidas represivas y fiscalistas tomadas por el gobernador Soria y el virrey Elío desde Montevideo, se levantó contra la autoridad española. Pasó a apoyar así al gobierno de excepción porteño.

Días antes, Buenos Aires había nombrado a José Artigas teniente coronel para la campaña en la Banda Oriental; y Elío había declarado la guerra a la Junta de Mayo. Artigas venció a los españoles en la batalla de Las Piedras el 18 de mayo, y sitió Montevideo dos días más tarde.

La Junta de Mayo de Buenos Aires fue fundamental para abrir un nuevo tiempo de independencia política en la cuenca platense. Pero, desde su convencimiento centralista, no logró encauzar sus relaciones con Montevideo. Después, tampoco logró encaminarlas con una Banda Oriental cuyo modelo de gobierno republicano y federal no convenía a sus intereses.

El Bicentenario de Mayo llega en tiempos de difícil relacionamiento con nuestra hermana República Argentina. Sin embargo, en los albores de la soberanía de los pueblos, tampoco fueron fáciles las relaciones entre nuestros gobiernos. A lo largo de estos dos siglos, la rivalidad de puertos y la discusión en torno a la legitimidad y la legalidad de ciertas decisiones, han sido poderosas razones que ayudan a entender los avatares de la Historia del Río de la Plata.

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