Elección con final abierto

CLAUDIO FANTINI

Lo que se sospechaba desde hace tiempo, acaba de ser confirmado por un juez: Eduardo Frei Montalva fue envenenado por los mismos médicos que lo operaron de una hernia. De ese modo, Eduardo Frei queda en igualdad de condiciones con Marco Enríquez Ominami, hijo del líder del Movimiento de Izquierda Revolucionaria acribillado en lo que el régimen describió como un enfrentamiento. Y también de Michelle Bachelet, hija del general que murió torturado por haberse opuesto al golpe de Estado.

Esto debiera actuar en contra del candidato de la alianza entre Renovación Nacional (RN) y la Unión Democrática Independiente (UDI), ya que tienen un origen claramente pinochetista. Sin embargo, como Sebastián Piñera jamás proclamó ningún tipo de adhesión o identificación con Pinochet, esto no debilita su aspiración.

Con la candidatura de Piñera, la derecha trasandina, única del continente que se reivindica como tal, completó el proceso de "despinochetización" que inició Joaquín Lavin y aceleró la detención de Pinochet en Londres y el posterior descubrimiento de su enriquecimiento ilícito.

Ya no es la sombra del dictador lo que perjudica electoralmente a los candidatos conservadores, sino el contundente éxito que la coalición de centro-izquierda ha tenido con sus sucesivos gobiernos. Sin embargo, con una presidenta que además de respeto despierta afecto, y al cabo de cuatro gobiernos exitosos, la elección del domingo tiene final abierto. ¿Por qué?

Las razones serían principalmente dos: la primera es un error del propio oficialismo, al impedir una elección interna empujando a Enríquez Ominami a postularse por fuera de la Concertación. La segunda tiene que ver con un proceso de maduración democrática en la que la sociedad se plantea que, más allá de los buenos gobiernos, la alternancia es un valor importantísimo y veinte años es demasiado tiempo para que una fuerza política permanezca en el poder.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar