Programa y Partido

De la misma manera que fue emocionante, desde el punto de vista del sentimiento, la jornada cumplida en la sede del Directorio del Partido Nacional la noche de las elecciones internas, cuando se anunció la constitución de la fórmula presidencial, siguen siendo emocionantes, desde el punto de vista racional, las jornadas cumplidas en la presentación del Programa de Gobierno 2010-2015 titulado "Un país independiente, justo y próspero". Allí, una colectividad política con más de 170 años de vida, ofrece el ejemplo de una vieja tradición renovada, que se junta con los mejores momentos de su historia, levantados por una juventud envidiable, entusiasta y militante y una legión de luchadores a través de toda una vida, lo que permite contemplar el futuro con optimismo.

Es obligación de todos los nacionalistas difundir ese Programa, para neutralizar los cantos de sirena de quienes se han visto obligados a salir a defender sus obras, olvidando que las obras se defienden por si mismas o la de quienes insisten en pintar un país idílico, ignorando que aún ocupan el gobierno, o lo ocuparon, y que son los directamente responsables de un estado de cosas ante el cual la ciudadanía se rebela. Configura una falta de respeto al votante, anunciarle lo que van a hacer, cuando han tenido cuatro años para lograrlo y no han podido, congelando de esa manera para dentro de dos años medidas que debieron adoptarse antes.

Frente a esa realidad devastadora, que no pueden disimular números, índices y porcentajes que han perdido toda seriedad y de los cuales son cada día más los que desconfían, que circulan amparados en un monopolio de los antecedentes, sin ninguna posibilidad de contralor, lo que los hace más dudosos, la convocatoria del Programa es apasionante.

La tarea que habrá que impulsar será tan hermosa, como difícil, pero ni aún esa dificultad ha atenuando la fuerza y el entusiasmo del Partido a favor de una recuperación ineludible, en la cual deberán contribuir todos los uruguayos de buena fe que quieren recuperar un país que se ha destruido, al amparo de una filosofía sectaria y que deberá levantarse, emergiendo de propósitos tradicionales, pero ajustados a los reclamos del mundo moderno.

Y eso es lo que propone el Partido Nacional, partiendo de un fortalecimiento de la Nación, para un país pacífico, integrado al mundo y a la región, no por lazos ideológicos o políticos, sino por la defensa de la integridad nacional y un respeto objetivo de nuestra independencia. Acompañado de una transformación interna de la sociedad, rescatando valores que se han destruido, como lo es el de la familia, con su característica de unidad esencial y el del respeto mutuo como norma de convivencia. Pero apuntando a la inversión social que permita velar de manera respetuosa y no vergonzante de los indigentes y los desamparados, abriendo un diálogo social entre empresarios y trabajadores y aumentando la riqueza nacional. No para repartir miseria sino para generar trabajo.

Ello sólo podrá lograrse con un Estado fuerte en sus funciones propias, dejando lugar a las iniciativas privadas y a la libertad de los particulares y una acción del gobierno, ejerciendo todas sus facultades y haciendo obras, aliviando la carga fiscal a través de un sistema tributario sencillo, de un marco jurídico seguro y gastando mejor, volviendo al Uruguay su vieja identidad de tierra de paz, de tranquilidad y seguridad, enmarcado en el respeto del Estado de Derecho, el desarrollo económico, productivo, social y público.

Dentro de ese propósito, nada es ajeno al Programa, debiendo destacarse la voluntad de asegurar la plena vigencia de todos los derechos fundamentales; estimular el crecimiento económico de corto plazo, como marco necesario para un aumento de la inversión y del consumo que favorezca la producción y el empleo; avanzar en una estrategia de regionalismo abierto; desarrollar una política de transporte y de comunicaciones; con capítulos especiales para la industria, el agro y el medio ambiente más otros referidos a la importancia de las políticas sociales, la educación, la cultura, la salud y la vivienda. Son setenta y cinco páginas de lectura apasionante que nadie puede dejar de conocer. Un país políticamente independiente, socialmente justo y económicamente próspero será el destino de un camino que deberán emprender todos los interesados en salvarlo.

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