LEONARDO GUZMÁN
Meses atrás el gobierno se quejaba de que el drama de la seguridad pública se reflejase en la polémica preelectoral. ¡Explotación política!, se plañía. ¡La seguridad no es tema! Clamaba.
Ahora, aparecido el arsenal de Aires Puros, los gubernistas reprochan las cavilaciones ambientadas por la falta de certezas y la lentitud de la indagación. Otra vez ¡explotación política! Y otra vez ¡no es tema!
Y así sucesivamente.
A IMM-Casinos, a Maciel-Clanider y a lo que venga, se le opone una puerta de hierro que separa a la cosa pública política de una cosa pública supuestamente ajena a la opinión ciudadana.
Por cierto, no es esa la tesis que sostienen las doctrinas sociológicas marxistas, para las cuales todo debe ser sometido a enjuiciamiento político porque según ellas todo es político-ideológico. Tampoco ha si-do esa la postura de quienes por décadas han enchastrado la ciudad con pintadas que politizan hasta el agujero del mate.
Pero a pesar de nacer a contramano de sus doctrinas y de sus pintadas, el oficialismo actual pretende deslindar temas dejándolos fuera de la polémica política para bajarle la presión a sus fracasos y sus sonrojos.
Y eso no lleva a ninguna parte, pero NO PORQUE TODO SEA POLÍTICA sino precisamente al revés: PORQUE NO TODO ES POLÍTICA, ya que en las raíces y en la cima de las polémicas partidarias hay dolores y valores que vienen de mucho más lejos. ¡Son los valores que -antes que los cintillos e ideologías- nuestra Constitución recoge en su letra y defiende hasta más allá de su texto!
No en vano nuestra Carta establece en su art. 7º que "Los habitantes de la República tienen derecho a ser protegidos en el goce de su vida, honor, libertad, seguridad, trabajo y propiedad" y dispone en su art. 72 que "La enumeración de derechos, deberes y garantías hecha por la Constitución, no excluye los otros que son inherentes a la personalidad humana o se derivan de la forma republicana de gobierno".
Por lo cual, tanto la aparición circunstancial de un arsenal ignoto como la inseguridad calidad Tourné que seguimos arrastrando son temas para debatir y pronunciarnos en planos que, por provenir de nuestra libertad civil y no de militancias sectoriales, nos aguijonean desde la política en su más alta acepción, allí donde los valores en juego no se disuelven en estadísticas ni en "hechos socio-económicos", pues se reflejan en los destinos de carne, hueso y sangre de las personas que por ser tales debe proteger el Estado.
Tras la polémica minorista sobre si estuvo bien el Dr. Bat-lle en preguntar sobre temas que humanos e institucionales a la vez y tras el intento de descalificar al interrogador, la cuestión no es el modo como cada uno plantea cada asunto sino que sigue pendiente de aclaración el cómo, el quiénes y el porqué de las armas.
Por tanto, en el Uruguay unificado por el Derecho que define nuestra Constitución, votemos lo que votemos debemos preocuparnos todos por esa y por todas las cuestiones pendientes de aclaración y solución.
No es cosa de que por mirar entretenidos la película precomicial que nos montan, pasemos de largo ante la caída de los sentimientos normativos de los que depende no sólo el Estado de Derecho sino la calidad espiritual, moral y aun económica de la vida nacional.
No es cuestión de consagrar tabúes en una República.
Hay materias de base en las cuales nos va la libertad. Y a su respecto no debemos distraernos ¡ni ebrios ni dormidos!
Mantenga y vigile el nivel de debate y recuerde que nuestras Normas de Participación implican obligaciones y responsabilidades.