El salto de Susan Boyle

LEONARDO GUZMÁN

Pues es verdad: por sobre tanto ruido que se amplifica y viaja por Internet -aturdiendo más que conmoviendo- se alzó en Londres una desgarbada escocesa de 47 años que concursó sin "producirse" y con la potencia y la calidez de su voz dejó estupefacto al jurado de Britains got Talent.

Al erguirse sobre las apariencias que la descalificaban, esa voz nos devolvió el humus espiritual donde la armonía se cruza con la sorpresa y vuelve a engendrar la libertad creadora. Nos restituyó el verdadero sentido del hombre, que no está en lo que aparenta sino en lo que puede y debe ser.

Más aun que un salto a la fama -"puro cuento" según el tango- y al éxito -"impostor" según Kipling-, el de Susan Boyle fue un salto a lo humano, una restitución al ideal realizándose. ¡Cuánto de eso necesita el mundo! ¡Y cuánto nuestro Uruguay! Nos habituamos a sumirnos en la mera descripción de lo que ES y le volvimos la espalda a lo que DEBE SER.

Nos tupimos con relevamientos y diagnósticos. Pasamos a considerar "sociológica" toda constatación que cuantifique nuestras desgracias, ya nos informe cuán mal manejamos, cómo arruinamos los contenedores y cuántos peatones cruzan con luz roja o ya nos diga cómo se estanca la producción del país o del mundo. Y correlativamente, dejamos de sentir la necesidad de fundar y afirmar los principios que deberíamos establecer para vacunarnos contra las inconductas y cobrar fuerzas para responder a los retos. Se condenó las exageraciones del voluntarismo, pero de paso se dejó de educar la voluntad. Se adoptó filosofías fatalistas, que sostienen que los problemas son colectivos y desatienden la reflexión y el deber de superación personal.

El resultado es el debilitamiento nacional.

En un contexto mundial difícil y con el país dividido, para corregir esas desgracias y para construir conceptos desde los cuales vivir, habrá que lograr inspiraciones a la medida del momento histórico, fortaleciendo el diafragma consciente de la ciudadanía para que resuelle con fuerza la libertad civil, que es anterior y más estable que las fluctuantes opciones partidarias.

Ante la polarización y fragmentación del país, ante la importación de la pugna "derecha vs. izquierda", ante la caída de los valores y el desinterés cívico de los más, es necesario pensar nuevas síntesis que, por sobre lo que votemos, nos unifiquen en el sentimiento republicano y el imperio del Derecho.

Esas nuevas síntesis no podemos esperarlas de quienes han fosilizado su pensamiento y tratan a los adversarios como enemigos. Al fin de cuentas, quienes usan los mitos de la raza, la clase o la sociedad para justificar lo irracional y cavar zanjas separadoras, quienes se niegan a escuchar y siembran división, siempre comprenderán menos que quienes con su libre pensar buscan la verdad, procuran lo justo y se obligan a reconocer lealmente la parte de razón que pueda tener su adversario, valorando sus logros -plan Ceibal- con la misma franqueza con que denuncian sus yerros -INAU y seguridad, por ejemplo.

Crear la nueva síntesis del Uruguay es, pues, trabajo intelectual y moral que incumbe específicamente a los ciudadanos que cultivan la libertad y que reconocen, sin ambages, resentimientos ni lomo duro, que el Estado y el Derecho deben fundarse en la persona. Esa responsabilidad, que va más allá de una elección, funda nuestra firme certeza de que la voz ciudadana ha de recuperarse, tan llana e invencible como la de la anónima Susan Boyle.

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