Drogas

El tráfico de drogas se ha transformado en un importante desafío para la salud, la seguridad y la calidad de vida de los uruguayos. Los medios de comunicación recogen diariamente noticias de arrestos de traficantes de sustancias prohibidas y de delitos cometidos por personas que se encuentran drogadas o sufriendo las consecuencias de la abstención de esas sustancias. En demasiados casos, los protagonistas son adolescentes. A veces las consecuencias son trágicas y tremendamente injustas.

El martes, para citar un ejemplo, El País informó que efectivos de Hurtos y Rapiñas habían requisado en Montevideo la muy respetable cantidad de ocho kilos de marihuana y que efectivos de la Seccional 15a. habían incautado "27 palancas de marihuana escondidas en el capó de un cochecito de bebé y nueve lágrimas de pasta base tapadas por un plato". En el primer caso el Juez dispuso el procesamiento con prisión de un joven de 23 años por tenencia de estupefacientes y en el segundo se procesó a un joven de 19 años por el delito de tenencia no para consumo.

Durante el año pasado la Brigada Antidrogas incautó 957 kilogramos de marihuana, algo más de 57 kilogramos de cocaína, 33 kilogramos de pasta base, 844 comprimidos de éxtasis, además de dosis de hachís y psicofármacos. En total 339 personas fueron enviadas a la cárcel por venta o tenencia de drogas. Es importante tener presente que el volumen de droga decomisada, por regla general, solamente representa una fracción del consumo total.

Resaltan los decomisos de pasta base. Esta sustancia derivada de la coca es altamente adictiva y dañosa para los consumidores. Además es barata y tiene un efecto inmediato. Cabe preguntarse si no existe una relación directa entre el aumento del consumo de esa sustancia entre los jóvenes y el significativo incremento en el número de rapiñas.

Las consecuencias de los actos de violencia asociados con el consumo de drogas, especialmente de pasta base, se expanden en círculos concéntricos: primero está el daño sufrido directamente por la víctima de la agresión, luego el dolor que sufren su familia y amigos, más allá se expande una sensación de miedo e impotencia en la sociedad toda.

Es necesario enfrentar este desafío de la forma más eficaz posible.

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