|
||||||||
Pablo Da Silveira
Admitamos lo evidente: los uruguayos estamos profundamente enfrentados a propósito de la educación. No existe ninguna clase de acuerdo sobre el modo en que debe ser gobernada la enseñanza, ni sobre la forma de organizar los servicios, ni sobre los objetivos pedagógicos prioritarios.
¿Debemos dar más poder de decisión a los docentes o fortalecer el control político? ¿Debemos centralizar y homogeneizar la formación docente, o debemos descentralizarla y diversificarla? ¿Tenemos que priorizar la enseñanza del inglés o aumentar las horas dedicadas a la historia reciente? Sobre ninguna de estas cuestiones tenemos nada parecido a un consenso. En esto nos diferenciamos de otros países que han conseguido construir acuerdos básicos y fundan sobre ellos sus políticas educativas.
Pero el problema no termina ahí. Además de estar en desacuerdo, nuestras opiniones se distribuyen de tal modo que todos tenemos capacidad de bloqueo. Por esa razón, todos los intentos de cambio parecen condenados a empantanarse. Eso fue lo que ocurrió con la reforma Rama, que se inició con mucho apoyo político y una gran cantidad de recursos económicos, pero terminó bloqueada en muchos aspectos y fue revertida en otros. Y es muy probable que algo similar ocurra con la recientemente aprobada Ley de Educación. La oposición política ha anunciado que derogará esa norma en cuanto gane las elecciones. Puede que eso ocurra este año o puede que ocurra más tarde, pero el anuncio está hecho. Desde la vereda de enfrente, algunos sindicatos se oponen a la nueva Ley por considerarla insuficiente y han iniciado acciones que incluyen un recurso de inconstitucionalidad. Parecería que estamos encerrados en un ciclo que incluye un impulso de reforma y una gran marcha atrás cada pocos años.
Mientras este triste juego se desarrolla, no conseguimos solucionar los problemas y agregamos otros nuevos. Las mediciones de aprendizaje confirman que tenemos desde hace años un grave problema de calidad educativa. La terrible deserción en Secundaria es la evidencia más notoria de que también existe un enorme problema de equidad. A eso hemos agregado más recientemente la violencia y el descontrol en los centros de estudio, favorecidos por reglas de funcionamiento obsoletas y por un grave ausentismo docente. Mientras quienes tienen la capacidad de decidir se dedican a bloquearse mutuamente, la cuenta la pagan diariamente los uruguayos más débiles en términos culturales y económicos.
Pensar que vamos a salir de esta situación mediante un claro triunfo de alguien es una ilusión. Si seguimos usando los mismos métodos, lo más probable es que prolonguemos durante años el ciclo de marchas y contramarchas. Y el número de víctimas no hará más que crecer con el tiempo.
Parecería que necesitamos inventar nuevas maneras de hacer las cosas. Cuando hablamos de reforma educativa solemos concentrarnos en aquello que debe ser cambiado y en los nuevos modelos a instalar. Para decirlo brevemente, tendemos a concentrarnos en el "qué" de la reforma. Pero tal vez deberíamos cambiar de óptica y pensar mejor el "cómo". Tenemos que encontrar un método que nos saque del pantano en el que estamos hundidos y nos permita dar respuestas sin quedar enredados en conflictos político-corporativos. Suena difícil, pero ya veremos que es posible.
| « volver |
El individuo había llegado a confesar a la policía que el blanco de su ataque era la familia real. Habría actuado por ...
El hecho ocurrió anoche, en una carnicería ubicada en el Cerro. Además, dos personas más resultaron muertas, una de ellas un ...
El ex intendente de Artigas, Carlos Signorelli, fue procesado con prisión por el delito de fraude continuado. El diputado fue ...
En el ya tradicional acto del Pit Cnt, se puede ver a los tres precandidatos del Frente Amplio, José Mujica, Danilo Astori y ...
La tripulación, compuesta por 21 navegantes de origen indio, debió ser sometida a una inspección médica, antes de recibir la ...